PENSANDO MAS ALLA DE LA MUERTE


por Luis Palau

PASO 19

La muerte persigue al hombre. A través de los tiempos poetas, filósofos y otros escritores han tratado de explicar, comprender y
sobrellevar la realidad de la muerte.
El famoso escritor Ernest Hemingway estaba obsesionado con la idea de la muerte. Su padre, un intelectual, se había suicidado
cuando Ernest era un joven. Como resultado, Hemingway quiso demostrar a la humanidad que no le temía a la vida ni a la
muerte. Irónicamente, en un arranque de ira y debilidad humana, a los 61 años cometió suicidio.

La Biblia reconoce que la muerte física es inevitable. En Hebreos 9:27 leemos que "está establecido para los hombres que
mueran..." En cierto sentido todos somos enfermos terminales. Todos hemos de morir a menos que Cristo regrese durante
nuestra vida.

Alguien dijo con acierto: "Los jóvenes pueden morir, los viejos deben hacerlo." La muerte física es el enemigo más obstinado y
acérrimo de la humanidad. Pero no es el adversario más peligroso.

La Biblia distingue entre muerte física (que eventualmente todos debemos enfrentar) y muerte espiritual (que todos
experimentamos de manera inicial). En su acepción básica, muerte significa separación de algo o de alguien. Implica soledad.
Como consecuencia de su pecado, el hombre comienza la vida separado de Dios y espiritualmente muerto.

Jean Paul Sartre, el famoso filósofo existencialista, observó con exactitud: "El hombre está solo." A no ser por una relación
personal con Dios y un compromiso con El, el hombre está muerto espiritualmente y está muy solo.

La Biblia también menciona la muerte eterna o la "segunda muerte" (Apocalipsis 20:14). Esta muerte es una separación de
Dios, pero separación eterna e irreversible. Todo el que rehúse entregar su vida a Jesucristo aquí en la tierra, ha de
experimentar esta muerte eterna.

La muerte física no es el final de la existencia del hombre. La cuestión es dónde pasaremos la eternidad usted y yo--en el cielo
o en el infierno. No hay otra alternativa. La realidad de la muerte y el infierno debiera motivarnos como cristianos a compartir el
evangelio de Jesucristo con los inconversos.

Aproximadamente 150.000 personas mueren diariamente en el mundo. La mayoría pasa a una eternidad sin Cristo. La historia
a menudo ha registrado las últimas palabras de quienes se dan cuenta de que, por haber rechazado a Cristo, no tienen
esperanza.

Voltaire, el conocido ateo francés, declaró: "En veinte años no habrá más cristianismo. Una sola mano mía destruirá el edificio
que fuera levantado por doce apóstoles." Sin embargo, al enfrentarse con la muerte, exclamó: "Dios y los hombres me han
abandonado." El médico de Voltaire expresó su asombro por el tormento espiritual que experimentó su paciente antes de pasar
a la eternidad.

En contraste, el gran evangelista Juan Wesley declaró en su lecho de muerte: "Lo mejor de todo es que Dios está conmigo."
Murió satisfecho y feliz de estar en la presencia de su Señor.

La muerte no tiene por qué obsesionar a los cristianos. Si hemos entregado nuestra vida a Jesucristo, tenemos un glorioso
futuro esperándonos más allá de la muerte.

¿No da alegría y paz a nuestro corazón saber que esto es una realidad, al saber que más allá de la muerte hay un maravilloso
porvenir junto a Dios mismo?
Estudios bíblicos y artículos

MANTENIENDO UNA PERSPECTIVA ADECUADA


por Luis Palau

PASO 17

¿Sabía usted que una sola taza de té contiene tanta humedad como para cubrir
su vecindario con una niebla de varios metros de espesor?

Es sorprendente cómo tan poca agua--pero extendida de manera tan fina--puede
impedir nuestra visión de modo casi absoluto.

Por lo general nos contrariamos cuando la niebla estorba nuestro viaje, pero
olvidamos que más arriba el sol aún está brillando en todo su esplendor. ¿Por
qué nos molestamos? Porque no mantenemos una perspectiva correcta.

Un estadista británico cristiano cierta vez comentó: "Los objetos de la vida son
vistos por el ojo humano desproporcionadamente, como a través de una lente de
aumento, en razón de su proximidad." Los problemas y las preocupaciones a
menudo actúan como la niebla y oscurecen la situación presente. Evitan que
veamos las cosas en perspectiva.

Los psicólogos aseguran que el 45% de nuestras preocupaciones tiene que ver
con el pasado, el 45% con el futuro. (El 30% está relacionado con nuestra salud).
Sólo una de cada diez preocupaciones se convertirá en realidad--y por lo general
no podemos hacer nada para evitar que suceda.

No es de extrañar, entonces, que Jesucristo nos diga: "No os afanéis por el día
de mañana, porque el día de mañana traerá su afán" (Mateo 6:34). La Biblia
también nos ordena: "Por nada
estéis afanosos" (Filipenses 4:6). La preocupación aparece cada vez que
perdemos la perspectiva correcta.

A veces tratamos los problemas y las pruebas como si fueran parte de un aviso
publicitario. Actuamos como si tuviéramos que resolver todo en 30 segundos, y
como no podemos lograrlo, nos desesperamos.

Probamos cada posible solución que viene a nuestra mente, y cuando ninguna
funciona, nos volvemos a Dios de mala gana, como en un "último recurso".

Sin embargo, en el cielo no hay emergencias. Dios es consciente de nuestros
problemas (Exodo 3:7; 1 Pedro 5:7). El no
nos creó a fin de que seamos autosuficientes para suplir esas necesidades. Nos
creó para que dependamos de El.

El escritor A.W. Tozer dice: "El hombre que tiene la fe correcta en Dios, recibe
alivio de 10.000 problemas temporales porque inmediatamente se da cuenta de
que estos problemas están relacionados con asuntos que, en el peor de los
casos, no podrán preocuparle por mucho tiempo."

¿Está usted enfrentando una situación difícil, amigo? ¿Está su camino cubierto
de una espesa niebla? Dios no ha permitido que esa situación llegue a su vida
para que usted se sienta desalentado o vencido. Cada prueba que pasamos es
una oportunidad para que Dios demuestre lo que en verdad El es para nosotros--
un Padre amoroso y fiel.

El rey Ezequías experimentó de manera innegable el cuidado de Dios. Medite
usted en Isaías 37 y haga una lista de los pasos que tomó el rey Ezequías cuando
se confrontó a un serio problema. Luego compare su lista con la que a
continuación le doy.

1. Ezequías reconoció que tenía un problema (37:1).

2.Quiso saber lo que la Palabra de Dios decía sobre ese problema (37:2-7).

3.No permitió que nada distorsionara su perspectiva

(37:8-13).

4. Oró a Dios: primero lo adoró, luego presentó su pedido, y por último pidió que
todo resultara para gloria del

Señor (37:14-20).

Siga usted estos mismos pasos cuando enfrente una dificultad o una prueba.
Recuerde que en esos momentos llegamos a conocer a Dios mucho más
íntimamente.

ENFRENTANDO LA MUERTE


por Luis Palau

PASO 18
Una de las pruebas más duras que tendremos que enfrentar será la muerte de un ser querido. Es muy difícil mantener las cosas
en perspectiva cuando la muerte golpea la puerta de nuestra casa, ¿verdad?

El hombre moderno trata desesperadamente de prolongar la vida, y hasta intenta vencer su poder--creyendo en su interior que
podrá lograrlo. Los científicos y los médicos continúan desarrollando métodos extraordinarios para que los enfermos y
moribundos vivan un poco más--medicamentos, trasplantes, medios mecánicos.

Sin embargo, la muerte continúa cosechando sin ningún tipo de prejuicios en lo que se refiere a edad, raza, nivel social o
educación. La muerte sigue siendo cínica, cruel pero real. Nadie escapa de su mano helada. Todos hemos de tener nuestro
encuentro con ella. No estamos exentos ni por dinero, ni por fama ni por la inteligencia que poseamos. Todos hemos de
sucumbir.

Ahora bien, como creyentes, ¿cómo debemos responder cuando muere un querido familiar o un amigo?

Muy poco antes que mi padre muriera, se incorporó en la cama y cantó una canción sobre el cielo. Luego volvió a apoyar su
cabeza en la almohada y dijo: "Me voy a estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor."

Papá había entregado su vida a Cristo nueve años antes; estaba seguro de que pasaría la eternidad con el Señor. Tenía 36
años de edad cuando se fue a la gloria. Yo en ese entonces tenía 10. El falleció algunas horas antes de que yo regresara a casa
de la escuela de pupilos donde estaba estudiando. Cuando bajé del tren, no sabía con exactitud lo que había pasado, pero corrí
a casa. Cuando iba llegando, comencé a oir llantos.

Algunos parientes trataron de ponerse en mi camino, pero yo pasé corriendo entre ellos y llegué a la puerta de entrada antes de
que mamá se diera cuenta. Al ver el cuerpo muerto de papá, rompí a llorar.

La muerte de mi padre hizo que me sintiera completamente devastado. Mi mundo estaba hecho pedazos y era un mar de
confusión. Estaba enojado con todo y con todos. Es injusto, decía. ¿Por qué
papá no pudo morir de viejo como los otros padres?

A la mañana siguiente, un misionero dio el mensaje antes del entierro. En ese momento tuve la absoluta seguridad de que mi
papá estaba en el cielo.

Por supuesto que lo seguía extrañando terriblemente. Por supuesto que sentía el profundo dolor. Pero podía descansar en la
confianza de que un día podría volver a verlo.

El dolor es una parte normal ante la muerte de alguien que amamos. Nos duele la muerte de otros creyentes, pero no como a
aquellos que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13).

Jesús nos da estas palabras de consuelo: "No se preocupen ni sufran. Si confían en Dios, confíen también en mí. Allá donde
vive mi Padre hay muchas moradas y voy a prepararlas para cuando vayan. Cuando todo esté listo, volveré y me los llevaré a
ustedes, para que estén siempre donde yo esté" (Juan 14:1-3 BD). Esta es nuestra bendita esperanza como cristianos.

Por cierto que el proceso de dolor es totalmente normal para nuestro bienestar emocional y físico. Pero como cristianos no
tenemos que ser consumidos por ese dolor ni tenemos que dejar que el enojo o la amargura echen raíces en nuestro corazón.

Haga usted una oración al Señor agradeciéndole por la gloriosa esperanza que tiene como cristiano. Agradézcale que podrá
enfrentar la muerte con paz, sabiendo que no es el fin, sabiendo que la muerte sólo es la puerta desde la tierra al cielo. ¿No es
reconfortante saberlo?

Tomado del libro: DE LA MANO DE JESUS. Luis Palau, su autor, dice: "Pensé en escribir este libro para mis nuevos hermanos
en Cristo, para aquellos que hace poco entregaron su vida al Señor Jesús-y también para aquellos que hace tiempo tienen a
Cristo en su corazón pero se han estancado en su crecimiento espiritual.

En estas páginas deseo presentar un plan de 52 pasos que, idealmente, debería completarse en un año, es decir a razón de un
paso por semana.

He sido testigo de nuevos cristianos que quieren crecer, aprenderlo todo de golpe, y poner en práctica todo inmediatamente. Y
consecuentemente también he sido testigo de la frustración de esos cristianos cuando se dan cuenta de que sus planes no se
concretan como ellos habían soñado.

Sucede que en su entusiasmo un nuevo cristiano muchas veces reacciona como una persona extremadamente hambrienta: se
da un atracón que, por lo general, no resulta muy beneficioso.
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

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