Predicas para mujeres cristianas

TENGAMOS VALOR


Frente a la vergonzosa realidad, en la que miles de personas a lo largo de nuestro continente están
siendo agredidas física o emocionamente en el mismo seno de su hogar, un modesto reto para
vestirse de valor, para pronunciarse en contra, para buscar alternativas eficaces para las víctimas;
valor, que puede ser una semilla de transformación.

Gritos, golpes, llantos, agitación? luego un silencio espeso y aterrador. ¿Qué pasará dentro de esa
casa? Se preguntan los curiosos vecinos. Al otro día, la señora sale sin hablar con nadie, con blusa de
manga larga y anteojos oscuros, aunque el día esté lluvioso. ¡De nuevo se cayó por las escaleras!

Casos como este, o muchos otros. donde el moretón está en la cara de un estudiante de primaria o en
el corazón de un hombre ignorado e irrespetado, nos revelan una realidad dolorosa y desafiante. Miles
de personas a lo largo de nuestro continente están siendo agredidas física, emocional o sexualmente
en el mismo seno de su hogar.

La familia que fue diseñada por el Señor como fuente de bendición y sostén, además de muchos
propósitos provechosos para las personas que la componen, de pronto se convierte en un núcleo
amenazante y peligroso para la salud, en todas sus acepciones y ángulos. La esperanza de ser
aceptado, alimentado, amado incondicionalmente se diluye en una marejada de insultos, agresiones u
olvidos e indiferencia.

Pero, ¿porqué no sale de esa situación?, ¿es que nos se da cuenta? Podemos preguntarnos desde
afuera. Culpamos a la víctima por no hacer algo que cambie la terrible realidad en que vive. A veces
hablamos a la ligera de un fenómeno complejo y profundamente lesivo para quienes lo sufren. Existen
razones teológicas originadas en una interpretación equivocada de la Palabra; razones emocionales
como una pobre autoestima y la cruel sensación de «merecer» el castigo; razones económicas que
limitan la posibilidad de sostenerse a sí mismas y a los hijos, además de la vergüenza y una ingenua
esperanza de que un día todo cambiará.

El abuso no es una forma válida ni aceptable para expresar la ira y la frustración; es más bien, una
forma equivocada de las relaciones de poder y una expresión de dominación; por lo tanto es nuestro
deber, urgente e ineludible, oponernos en las maneras que podamos a su «legitimidad cultural». Los
cristianos debemos traducir el sueño de Dios para este mundo adolorido y confundido; su sueño de
paz, de inclusión, de compasión y de amor para todos: mujeres y hombres por igual.

Es necesario revestirse de valor. Valor para pronunciarse en contra, valor para buscar alternativas
eficaces para las víctimas, valor para llamar a las cosas por su nombre; valor, que puede ser una
semilla de transformación.

Cada quien debe evaluar su propia forma de vivir y ajustar sus actuaciones a lo que el Señor espera.
Cada uno toma del buen tesoro de su corazón lo que ha guardado y lo expone a los demás a través de
su vida. Roguemos al Dios Altisimo que nos ayude a erradicar de nuestra vida los pequeños y grandes
actos de violencia que humillan y dañan, a veces, hasta a quienes más amamos.
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org
Predicas para mujeres cristianas
Temas para la mujer cristiana
Mujer en el cristianismo