EL PERDON DE DIOS


PASO 28

por Luis Palau

Durante la Segunda Guerra Mundial Hans Rookmaaker fue un integrante activo de la resistencia holandesa. Pero fue capturado
por los alemanes y enviado a un campo de concentración nazi, donde comenzó a leer la Biblia.

Al estudiar la Palabra de Dios, descubrió que el íntimo deseo de Dios es perdonar nuestros pecados. De modo que entregó su
vida a Cristo y se maravilló por el gozo y la libertad que había hallado.

Cuando Rookmaaker fue liberado de prisión al final de la guerra, inmediatamente se unió a una iglesia. Pero en lugar de tener
comunión con personas libres, se sorprendió de encontrar tantos cristianos que aún vivían en la esclavitud del pecado y no
experimentaban el perdón de Dios.

Por otra parte, un personaje en una obra de Voltaire murió murmurando: "Dios perdonará--ése es su trabajo." Aunque el perdón
no puede darse por sentado de esa manera, Dios nunca quiso que vivamos en esclavitud.

La Biblia enseña que la confesión es el prerrequisito para el perdón de Dios--ya sea para la salvación inicial como para la
comunión diaria. Esta confesión implica arrepentimiento y, cuando sea necesario, restitución.

La confesión sin arrepentimiento es un fraude. En Proverbios leemos: "El que encubre sus pecados no prosperará; mas
el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia" (28:13).

A veces la confesión también implica restitución (Exodo 22:1-15). Por lo general, éste es un aspecto olvidado de la confesión.
Si nuestro pecado privó a alguien de algo que le pertenecía o correspondía (algo material, dinero o trabajo), no sólo debemos
disculparnos con la persona ofendida sino que también debemos pagar tan pronto como sea posible.

La maravilla de la Escritura es la buena nueva de que Dios perdona de balde a quien con corazón sincero confiesa su pecado.
Manasés fue uno de los reyes más malvados de Judá. El echó por tierra las reformas de Ezequías y sirvió a dioses falsos con
más celo de lo que lo habían hecho las naciones paganas que Dios había destruido ante los israelitas (2 Crónicas 33:1-9). Sin
embargo, al ser capturado por los asirios, Manasés se humilló ante el Señor--y Dios lo perdonó.

Si Dios pudo perdonar a un rey pagano y malvado cuando éste se humilló, con seguridad que también nos perdonará si
confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos. La confesión es humillante, pero "si confesamos a Dios nuestros pecados,
podemos estar seguros de que ha de perdonarnos y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9 BD). Aprenda de memoria este
pasaje y a menudo pida a Dios que lo haga realidad en su vida.

Hay otro precioso versículo para agregar a su lista de memorización: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones" (Hebreos 10:17). Cuán notable que el Dios omnisciente promete no sólo perdonar nuestros pecados sino
también olvidarlos para siempre.

En su obra EL PARAISO PERDIDO, Juan Milton pregunta: "¿Qué otra cosa podemos hacer sino postrarnos ante El reverentes;
y allí confesar con humildad nuestras faltas e implorar perdón; con lágrimas que rieguen el piso y con suspiros de corazones
contritos, como señal de pena no fingida y mansa humillación?"
Estudios bíblicos y artículos
 
 
 

REFLEXIONANDO SOBRE LA

CUESTION DEL PECADO


por Luis Palau

PASO 26

Guillermo G. puso un pequeño grabador en su abrigo antes de salir a recoger a
su hija para ir de picnic. Había decidido grabar los comentarios hostiles que haría
su ex-esposa con respecto a sus derechos para visitar a la hija de ambos.

En realidad el hombre registró su propia muerte en lo que un fiscal denominó "23
minutos de asesinato". Pablo W., de 21 años, fue acusado del asesinato de
Guillermo. El grabador dejaba pruebas concluyentes de que Pablo había
cometido el crimen, aun cuando él se confesaba inocente.

El abogado defensor explicó al jurado que su defendido era inocente ya que el
día del asesinato estaba "legalmente demente". El defensor alegó que Pablo
había tenido una infancia difícil con una madre demente y un padre ofensivo y
cruel, a lo que se agregó una constante serie de problemas de custodia y tutela
después de haberse casado con la ex-esposa de Guillermo G.

El abogado aseguró que Pablo no había planeado la muerte del otro hombre
pero que se había visto forzado a matarlo "en el último minuto, luego de un
invariable y continuo aumento de la presión."

Nuestros tribunales están llenos de esta clase de abogados, que día tras día
hallan excusas para las acciones de sus clientes. Pero al margen de lo que
decidan las cortes y los jueces, tales personas deberán vivir con la pesada carga
de su culpa.

En nuestra sociedad, algunos abogados y psicólogos han tratado de reemplazar
la responsabilidad personal y el pecado con explicaciones pseudo-científicas por
haber obrado mal.

¿Qué ha pasado con el pecado?

Un estudioso de psicología declaró: "Durante varias décadas nosotros los
psicólogos consideramos toda la cuestión del pecado y responsabilidad moral
como una gran pesadilla, y aclamamos nuestra liberación de esas cadenas como
la iniciación de una nueva era. Pero a la larga hemos descubierto que ser 'libre'
en este sentido--es decir tener la excusa de ser 'enfermo' en vez de 'pecador'--
también conlleva el peligro de estar perdido."

Otro psicólogo afirmó en un reciente artículo: "La fuerza del mal ha desaparecido
del mundo; la pecaminosidad ya no es el destino del hombre. Las nuevas
'ciencias' de la psicología, sociología y psiquiatría han hecho a un lado conceptos
tales como la voluntad, la fuerza de voluntad, la maldad y la holgazanería, y los han
reemplazado por la represión política y psicológica, el mal ambiente, la
interacción familiar dañada y los malos genes. Uno a uno, los fracasos y errores
humanos han recibido el nuevo nombre de 'enfermedades'".

Pero el mismo psicólogo se opone a este pensamiento moderno, diciendo: "De
últimas, debemos asumir responsabilidad por nuestras acciones." El pecado
debe ser redescubierto una vez más en nuestra generación.

Si uno va más allá de la superficie, verá que la mayoría de las personas lleva una
carga de culpa que nadie más conoce. Secretamente escondemos esta culpa en
lo profundo de nuestra alma. Luego, a instancias del psiquiatra, negamos que
esa culpa exista. La reprimimos. Hacemos cualquier cosa, menos admitir
nuestras fallas. La ironía es que nuestra culpa seguirá persiguiéndonos hasta
tanto la confesemos.

Alguien ha dicho, y con razón: "Nada está arreglado hasta que está bien
arreglado." Podemos inventar toda clase de excusas y explicaciones, podemos
hacer lo que queramos, pero nada estará arreglado definitivamente hasta que
esté bien arreglado.

"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta
alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13). En estos tiempos cuando se asegura
que todo es lícito y abundan excesos de toda índole, necesitamos aprender los
principios fundamentales de la salud mental, social y espiritual.

La misionera Corrie ten Boom declaró: "La sangre de Jesús jamás ha limpiado
excusas." Necesitamos aprender a confesar y a abandonar nuestros pecados--no
nuestras excusas--para poder experimentar el perdón de Dios.

REFLEXIONANDO SOBRE

LA CAIDA EN LA VIDA CRISTIANA


PASO 27

por Luis Palau

Sólo cuatro capítulos en la Biblia no hacen alusión al pecado y sus peligros--los dos primeros capítulos y los dos últimos. Desde
que Adán y Eva descubrieron que estaban desnudos en el Jardín del Edén, el pecado ha sido el común denominador más bajo
de la raza humana.

El apóstol Juan lo explica claramente: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no
está en nosotros" (1 Juan 1:8). El pecado más grave es pretender que no tenemos pecado. Ninguno de nosotros está exento de
la posibilidad de pecar. Hasta que algún día en gloria disfrutemos del Arbol de la Vida, debemos admitir nuestra vulnerabilidad.

El reformador británico Wilberforce manifestó: "No hay caminos cortos para llegar a la santidad. Debe ser la ocupación de toda
nuestra vida." No podemos ser santos a las apuradas.
Un escritor a quien aprecio mucho declara: "Si usted dice que hay pecados que nunca podrían alcanzarlo, está por resbalarse
con una cáscara de banana espiritual." El hecho de creernos invencibles en cierta área no es una seguridad a toda prueba.

Usted y yo hemos oído acerca de líderes y laicos cristianos que "de repente" caen en pecado. Todo parece ir de maravillas, y
de un día para otro dejan a la esposa por otra mujer... intentan suicidase... se hacen alcohólicos.
¿Cómo puede ocurrir? Sucede que la caída en la vida cristiana rara vez es un colapso repentino; por lo general es un proceso
gradual.

Cada vez que perdemos de vista quién es Dios, nuestra vida espiritual pierde fuerza y está en peligro de caída. El pecado es la
declaración de independencia del hombre. El primer paso para alejarse de Dios es dejar de apreciar quién es Dios y dejar de
agradecerle por su persona y su obra en nuestras vidas.

La ingratitud y otras formas de desobediencia--ya sea en hecho, pensamiento o deseo--producen ciertos resultados. Cuando
pecamos, contristamos al Espíritu Santo, Satanás gana terreno, perdemos nuestro gozo en Cristo, nos vamos alejando y
separando de Dios y de otras personas, nos convertimos en piedras de tropiezo a hermanos más débiles, y causamos pena y
dolor inimaginables.

Haga un inventario espiritual de su vida. Piense: ¿Quién es Dios para mí? ¿Cómo es mi relación con El? ¿Cuán a menudo le
doy gracias? Medite en pasajes tales como el Salmo 34, Salmo 63:1-8 y 1 Tesalonicenses 5:16-24. Encuentre maneras
prácticas de aplicar estos pasajes en su propia vida.

Lo más importante en cuanto a usted es lo que viene a su mente cuando piensa en Dios. Lo que viene a sus labios durante el
día indica si usted ve y aprecia Su soberanía, Su gracia y otros atributos de la divinidad.

¿Está Dios hablando a su corazón? ¿Cómo es su relación con El? Confiese sus pecados a Dios y (como lo hizo Pablo) decida
que por el poder de Dios vivirá una vida cristiana victoriosa (1 Corintios 9:24-27; Gálatas 2:20). Hable de las maravillas del
Señor que usted ama, y obedézcale con fidelidad. La caída en la vida cristiana no tiene por qué suceder; no es inevitable. Cristo
vive en su corazón, y ésa es la mejor garantía de protección que tiene el cristiano. Recuérdelo, y viva de acuerdo a esa verdad
Cristo vive
Crecer en Cristo
Crecer en Cristo
predicas, mensajes cristianos, predicaciones, sermones, predicaciones, predicaciones cristianas
libros cristianos gratis, descargar libros, libros pdf, descargar libros
la mujer cristiana, predicas para mujeres
estudios biblicos, mensajes cristianos, articulos, temas de actualidad
crecerencristo.com
oración
pastores, predicadores, profetas, maestros
libros cristianos
la mujer cristiana
estudios biblicos, mensajes cristianos
peticiones de oracion
crecerencristo.com
Radio cristiana
Radio cristiana
estudios biblicos, mensajes cristianos, articulos, temas de actualidad
estudios biblicos, mensajes cristianos
Mensajes cristianos
PREDICAS LUIS PALAU

Mensajes cristianos

CRECER EN CRISTO