Estudios bíblicos y artículos

Reafirmando la Autoridad de la Biblia

PASO 8
por Luis Palau

Muchos en nuestro tiempo ponen en duda la autoridad de la Palabra de Dios.
Dejan de lado ciertos pasajes y cuestionan muchos otros. ¿Cómo debemos
responder a tales ataques?

Al decir de Carlos Spurgeon, "Tratar de defender la Palabra de Dios es como
tratar de defender un león... no necesita defensa alguna." Confiadamente
podemos seguir el ejemplo de hombres de Dios a través de la historia y
reconocer con ellos la autoridad de la Biblia.

Cristo mismo reconoció las Escrituras como Palabra de Dios. Cuando Jesús
citaba pasajes del Antiguo Testamento, muchas veces optaba por aquellos
supuestamente controversiales o difíciles de creer. Y lo hacía con el objeto de
reafirmar su exactitud histórica. Jesús hizo referencia a la historia de la creación
(Mateo 19:4-6; Marcos 10:2-9; 13:19), a Noé y el diluvio (Mateo 24:36-39; Lucas
17:26-27), y a Lot y la historia de Sodoma y Gomorra (Mateo 10:15; Lucas 10:2;
17:28-30).

Jesús incluso mencionó la historia de Jonás (Mateo 12:40-41; 16:4) según la
relata el Antiguo Testamento. Hay quienes se burlan de esta historia diciendo que
es un "cuento de hadas" o un relato para niños. ¿Por qué? Porque de acuerdo al
conocimiento que ellos tienen de la ciencia, aseguran que es imposible que una
ballena se trague a un hombre para luego vomitarlo a los tres días.

Pues bien, ante todo la Biblia no dice que Jonás fue tragado por una ballena sino
por un gran pez (Jonás 1:17). Pero lo que es aun más importante, el hecho
histórico está registrado en la Biblia y Jesús dijo que en verdad sucedió. Si El lo
creyó, ¿acaso no debiéramos creerlo nosotros también?

Me agrada el comentario que una vez hizo Billy Graham cuando alguien usó la
historia de Jonás para "probar" que la Biblia era ficticia. Billy dijo que si Dios era
Dios, entonces no sólo era posible que un pez se haya tragado a Jonás, sino que
además, si Dios lo hubiera querido, Jonás se habría podido tragar al pez.

La Biblia declara sin dobleces: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2
Timoteo 3:16). Lo maravilloso de esta afirmación es que lo que fue escrito por
escritores sagrados, fue inspirado por Dios. Dios habló a través de esos
hombres. Ellos eran Su vocero.

Las mismas palabras de la Escritura son inspiradas por Dios. Alguien dijo: "Es
tan fácil tener música sin notas o matemáticas sin números como pensamientos
sin palabras". La inspiración corresponde a todas y cada una de las partes de la
Biblia y a la Biblia como un todo-no sólo a los "pensamientos" que las palabras
comunican al lector.

Jesús declaró: "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra,
ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo
5:18). El garantiza hasta las más pequeñísimas partes de la Biblia.

Los padres de la iglesia también afirmaron la autoridad de la Biblia. Agustín
declaró: "De modo que rindámonos e inclinémonos a la autoridad de las
Sagradas Escrituras, que no pueden errar ni engañar."

¿Por qué acobardarse ante los ataques de ciertos críticos de la Biblia? Como
creyentes debemos sujetarnos a Dios y a su Palabra de autoridad. La Escritura
es el estándar por el cual debemos medir todo lo demás.

Agradézcale a Dios por su Palabra. Léala. Estúdiela. Gócese en la seguridad de
que la Escritura tiene autoridad divina.

Teniendo Fe en la Palabra de Vida

PASO 9
por Luis Palau

¿Para qué fue escrita la Biblia?

¿Para explicar las complejidades del gobierno humano? ¿Para criticar ciertas teorías económicas? ¿Para enseñarnos las
maravillas de la astronomía?

Amable lector, aunque en la Biblia encontramos referencia a la inmensidad de los cielos y la tierra y a la magnificencia del
firmamento, el propósito de la Biblia no es decirnos lo que sucede en el cielo sino decirnos cómo ir al cielo. El gran mensaje de
la Biblia es que, a través de su Palabra, Dios desea cambiar radicalmente la vida de hombres y mujeres, preparándolos para la
eternidad con El en gloria.

La Palabra de Dios tiene poder para transformar individuos de pecadores condenados a creyentes redimidos. Lo sé. El
consejero de un campamento me llevó a la fe en Jesucristo leyéndome Romanos 10:9-10. Yo sólo tenía 12 años cuando en
forma sincera entregué mi vida a Cristo por medio de una oración. A partir de ese momento supe que era un hijo de Dios. Supe
que iría al cielo cuando muriera. Cristo había pagado por mis pecados con su muerte en la cruz.

La conversión--la transformación de un individuo de pecador perdido en hijo de Dios--es imposible a no ser por la Palabra de
Dios. Misioneros cristianos llevaron el mensaje de salvación a la Argentina, mi patria. Mi padre está en el cielo por el trabajo de
esos misioneros. Mi abuela está en el cielo por el trabajo de ellos. Millones en todo el mundo-incluyéndome a mí-le
agradecemos a Dios por los misioneros que nos predicaron la Palabra de Dios.

La Biblia tiene poder para cambiar tanto al importante como al insignificante, al rico como al pobre, al educado como al
ignorante. Hasta tuve el privilegio de ver cómo el presidente de un país entregaba su vida a Cristo en forma personal.

-Palau-me había dicho-, soy un militar. He hecho cosas que nunca me atrevería a contarle. Si usted supiera cómo soy realmente,
nunca diría que Dios me ama.

-Usted no necesita decirme nada-le repliqué-. No importa lo que haya hecho, Jesucristo vino para salvar y transformar a
hombres y mujeres como usted.

Aunque era un hombre en una muy alta posición, inclinó su cabeza y abrió su corazón al Señor Jesús allí en su despacho
presidencial.

Aun cuando dos años después este hombre fue destituido de su puesto durante una revolución, continuó caminando con el
Señor. Hace un tiempo declaró: "Mi vida cambió desde el día en que entregué mi vida a Cristo."

He visto la Palabra de Dios transformando las vidas de incontables personas: la secretaria general de un partido nacional
comunista, una princesa, un ministro de gobierno, hombres sencillos, empresarios, madres de familias, abuelas, mujeres
profesionales, estudiantes, parejas divorciadas, jóvenes drogadictos, homosexuales, gente sin educación, niños... y así la lista
sigue.

Por otro lado, la Biblia tiene poder para transformar a un cristiano débil en uno triunfante. Eso se conoce como la obra de
santificación. La Biblia nos liberta del pecado, nos limpia y ante Dios nos hace santos en nuestro caminar.

El Señor Jesús oró a su Padre en el huerto de Getsemaní: "Santifícalos en tu verdad. Tu palabra es verdad" (Juan 17:17). Su
Palabra nos limpia: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado" (Juan 15:3).

No es suficiente saber que las Escrituras "te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2 Timoteo
3:15). Pablo sigue diciendo: "La Biblia entera nos fue dada por inspiración de Dios y es útil para enseñarnos la verdad, para
hacernos comprender las faltas cometidas y ayudarnos a llevar una vida recta (v. 16 BD).

La Palabra de Dios inmediatamente señala las pequeñas zonas de pecado en el altar de nuestra alma. Sin embargo, las
Biblias con polvo conducen a vidas sucias.

Si usted ya ha comprobado el poder de la Palabra de Vida cuando entregó su corazón a Jesucristo, ¿ha experimentado
también el poder que tiene esa Palabra de Vida para darle triunfo en su vida cristiana y ayudarle a vivir en victoria para gloria de
Cristo Jesús?

El Pan de Cada Dia

PASO 10
por Luis Palau

Uno de los primeros recuerdos de mi niñez es cuando salía de mi cama temprano a la mañana para observar cómo mi padre se
arrodillaba, leía la Biblia y oraba antes de irse para el trabajo. Esto produjo un gran impacto en mi alma de niño.

Todos los días papá leía un capítulo de los Proverbios-ya que hay treinta y un capítulos y la mayoría de los meses tienen treinta y
un días. Incluso hasta hoy sigo tratando de practicar esta costumbre. Además de todas mis otras lecturas y estudios bíblicos,
comienzo el día con un capítulo de los Proverbios. Y he aprendido a hacerlo de rodillas.

Grandes hombres de Dios y maestros cristianos han marcado mi vida y mi ministerio. Estos hombres han dejado huellas en mi
vida y en las vidas de otros cristianos por la santidad y humildad con que vivieron y por sus esfuerzos para salvar almas.

Todos estos hombres de Dios veían la necesidad crucial de la santidad personal ante Dios. Uno de estos fieles cristianos
consagrados afirmó: "De acuerdo a tu santidad, así será tu triunfo en la vida... Un hombre santo es un instrumento poderoso en
la mano de Dios."

Muchos son los factores que resultan en impactos perdurables y beneficiosos en una comunidad o una nación. Sin embargo,
creo que la santidad entre el pueblo de Dios, y en especial entre los líderes, es fundamental. El pecado y la falta de santidad
entristecen al Espíritu Santo y obstruyen su obra. La Escritura nos advierte: "No entristezcan al Espíritu Santo" (Efesios 4:30 BD)
y "No apaguen el fuego del Espíritu Santo" (1 Tesalonicenses 5:19 BD).

Por otra parte, la Palabra de Dios nos exhorta, "Estén llenos del Espíritu Santo" (Efesios 5:18 BD). Para el cristiano, el estar
lleno del Espíritu es una orden, un deber y un privilegio. Ser lleno del Espíritu significa caminar en la luz de Dios y ser controlado
por Cristo, quien vive en nuestro corazón. Para que esto sea posible, debemos pasar tiempo diario leyendo y estudiando la
Biblia, llenando mente y corazón con la Palabra de Dios, que es inspirada y tiene poder para transformar vidas. "Mantengan
vívidas en su memoria las enseñanzas de Cristo y permitan que sus palabras enriquezcan sus vidas y los hagan sabios"
(Colosenses 3:16 BD).

Para animarnos a ser santos y estar llenos del Espíritu de Dios, siervos del Señor han ideado guías bíblicas para lecturas
diarias. Hay muchas y las hay muy buenas. Se publican con distintos nombres y tienen variaciones en su presentación, pero
todas son excelentes y resultan muy útiles para los cristianos que en verdad desean conocer y obedecer la Palabra de Dios.
Las guías sugieren distintas lecturas bíblicas, que a través de uno, tres o cinco años, llevan al lector a través de toda la Biblia.
Recomiendo que consiga una de estas guías de lectura.

Otra buena alternativa es trazar un plan de lectura propio. Mi consejo es que la lectura incluya algo del libro de los Proverbios,
algún salmo, una porción del Antiguo Testamento y una porción del Nuevo.

¿Qué acerca de usted, hermano y hermana? ¿Se ha disciplinado para leer la Biblia todos los días? Si aún no lo ha hecho,
comience hoy mismo. Como lo hacía mi padre, empiece con el libro de los Proverbios y luego, en forma sistemática, lea toda la
Biblia en un año.

¿Por qué dejar pasar otro día más sin tener parte del alimento espiritual y nutritivo de este pan de cada día?
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

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