Predicas para mujeres cristianas

NOVIA, ESPOSA Y MADRE


Génesis 24 es un rico capítulo Bíblico en donde podemos apreciar las cualidades que adornan el
carácter discreto de Rebeca, la ayuda idónea que Dios preparó para Isaac, el hijo de su amigo
Abraham. Aunque los seres humanos somos imperfectos, dentro de sus inevitables limitaciones ...

El capítulo 24 del Génesis es una de las más bellas y conmovedoras páginas de todo el Antiguo
Testamento. Me es difícil leerlo sin que se me humedezcan los ojos. Si sabemos leer entrelíneas,
podremos adivinar en su parco relato las cualidades que adornan el carácter discreto de Rebeca, la
ayuda idónea que Dios preparó para Isaac, el hijo de su amigo Abraham. Aunque los seres humanos
somos imperfectos, dentro de sus inevitables limitaciones, Rebeca era la mujer más adecuada para
ser madre del padre de las doce tribus, esto es, de Jacob, y madre de dos pueblos que serían rivales.
(Nota 1)

Rebeca ocupa un lugar importante en el plan de Dios. Ella es un eslabón vital en la cadena que Dios
está trenzando para llevar a cabo su proyecto de redención del género humano. Sin embargo, a pesar
de que aquí se trata de «la pedida de mano» de Rebeca, el personaje principal de este capítulo no es
ella sino el siervo Eliezer.

1?4.«Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y
dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía:
Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la
tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino
que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.» Siendo de edad avanzada
(como de unos 140 años) Abraham comprende que es necesario que su hijo tome mujer y asegure el
cumplimiento de la promesa que Dios le ha hecho: ser padre de una nación grande. Él desea que ella
sea de su parentela, lo cual quiere decir, en la práctica, que tenga sentimientos y costumbres
semejantes a las suyas, diferentes a las de los idólatras que viven en la tierra de Canaán. La
comunidad de hábitos y costumbres es una de las condiciones ordinarias requeridas para la felicidad
conyugal, porque de no haberla pueden producirse choques basados en estilos diferentes de vida que
no siempre se acoplan con facilidad. De otro lado, Abraham teme que dada la influencia que la mujer
tiene en el marido, las prácticas paganas de una esposa cananea podrían contaminar a Isaac.

El hecho de que Abraham encomiende esta delicada tarea a su mayordomo Eliezer muestra el
ascendiente de que este siervo gozaba en casa de su patrón.

5.«El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu
hijo a la tierra de donde saliste?» En las sociedades patriarcales de la antigüedad era responsabilidad
del padre encontrar novia para su hijo, así como también novio para la hija. Era su responsabilidad
asegurar que se perpetuara el linaje familiar y que el hijo forme un hogar, que es la base mas sólida
para su vida adulta y el mayor logro de un hombre. Lo sumo de la hombría, en verdad, está en formar
una familia propia. En nuestros días esa meta, ese propósito humano superior, ha sido descartado en
beneficio de un individualismo miope. En consecuencia, los hombres se despojan a sí mismos,
mutilan un aspecto valiosísimo de su naturaleza varonil. Las relaciones con la mujer se han vuelto
pasajeras, ocasionales, superficiales, y no conducen a nada sólido y estable. ¡Cuánto pierden ellos y
ellas en calidad humana!

Así como el destino de la mujer es ser madre ?y eso está inscrito elocuentemente en los órganos para
gestar que la naturaleza le ha dado? el destino del hombre es ser padre, tal como Dios es Padre. La
paternidad conjunta de hombre y mujer es una de las leyes básicas de la vida humana. Negarla,
bloquearla, es rebelarse contra Dios. Es cierto que hay circunstancias que pueden negar a un hombre
o a una mujer la oportunidad de ejercer ese don ?y son más frecuentes en el mundo moderno que en
el antiguo? pero no habiendo obstáculos insuperables, ellos sólo pueden renunciar a esa
responsabilidad por un fin más alto o por consideraciones de mucho peso.

Si bien, como se ha dicho, el matrimonio era entonces decidido por los mayores, los padres temerosos
de Dios no imponían su decisión a la hija casadera sino respetaban su voluntad y buscaban su
consentimiento. De ella dependería en este caso irse o no con Eliezer. Podría objetarse que los
parientes de Abraham eran idólatras. Pero Abraham no hubiera escuchado la voz de Dios si no hubiera
nacido en un ambiente en el que el temor de Dios predominaba. Es innegable, a mi juicio, que la
revelación inicial del Dios único y verdadero, creador de todo lo que existe, se había mantenido con
cierta fuerza en muchos lugares y pueblos de la antigüedad aunque estuviera mezclada con las
idolatrías y supersticiones. El sentimiento del temor de Dios es instintivo en el hombre, y aunque sea
en una apariencia deformada, los pueblos idólatras lo poseen, tal como lo demuestra la antropología.
Si Betuel y Labán invocan el nombre de Jehová es porque lo conocen y reverencian, no sólo porque lo
pronuncie Eliezer, como algunos intérpretes creen siguiendo la tendencia de ver la historia sólo en
términos de blanco y negro.

6-9.«Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. Jehová, Dios de los cielos, que me
tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu
descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti y tú traerás de allá mujer para mi hijo. Y
si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas
allá a mi hijo. Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre
este negocio.» (Nota 2). Abraham no quiere que su hijo vaya a Harán porque podía ser tentado a
quedarse allá. Él se aferra a la promesa que Dios le ha hecho de darle a su descendencia la tierra en
que viven como forasteros y no quiere hacer nada que pueda poner su realización en peligro.

Si Dios le dio un hijo cuando ya no podía tenerlo ¿no será capaz Dios de disponer los medios para que
su promesa se siga cumpliendo en su descendencia? Siendo él un hombre de fe pone en las manos
de Dios el resultado de la empresa de encontrar mujer para su hijo y, siguiendo su ejemplo, Eliezer
hará lo mismo. ¿Cuántos padres cristianos obran de esa manera?

10?11. «Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de
regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. E hizo
arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que
salen las doncellas por agua.» Eliezer parte entonces llevando consigo todo lo necesario para su
misión y, después de un viaje de no sabemos cuántos días, llega a la localidad donde habitaba la
familia de Nacor. Al arribar se detiene en el lugar al que se acercan por necesidad todos los forasteros
con sus bestias, a la fuente principal de la ciudad. Es la hora en que las muchachas salen a llenar sus
cántaros de agua para llevar a casa.

12?14. «Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame te ruego, el tener hoy buen encuentro, y
haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los
varones de esta ciudad salen por agua. Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te
ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea
ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia
con mi señor.» ¿Cuál son las cualidades que Él busca en la muchacha que será mujer de Isaac? Que
sea servicial, bondadosa, que no rechace el hacer caridad no sólo al hombre sino también a sus
animales.

Bien ha juzgado Eliezer. No ha pensado en belleza, ni en que la muchacha sea hija de padres ricos. Ha
pensado en el carácter de la chica, porque es el carácter de la mujer lo que hace feliz o infeliz al
hombre, no su belleza. Pero él no quiere ser juez del carácter y disposiciones de la doncella. Quiere
que sea Dios quien la escoja. En verdad, él debe haber pensado que si Dios ama a su amo, ya tiene
escogida la novia para Isaac y por ese motivo le propone al Señor una señal que le permita
reconocerla sin dificultad.

15?16. «Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel,
hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Y la
doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la
fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.» Apenas ha terminado de orar Dios responde y empiezan a
suceder los hechos en la forma que él ha previsto. ¡Qué puntual es Dios cuando confiamos ciegamente
en él!

17?20. «Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de
tu cántaro. Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a
beber. Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, y sacó para
todos sus camellos.» La muchacha hace exactamente lo que Eliezer le había pedido a Dios que hiciera
como signo para reconocer a la que Él ha escogido como mujer para Isaac..

21. «Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje,
o no.» Eliezer contempla maravillado cómo la chica hace con diligencia y eficiencia lo que le había
ofrecido: darle de beber no sólo a él sino también a sus camellos. No obstante, él no se precipita ni
renuncia a su razón aceptando ciegamente lo que parece ser la respuesta a su oración, sino considera
con cautela si ése es el signo propuesto. ¿Significa eso falta de fe? No creo. Dios no quiere que
dejemos de usar las facultades que nos ha dado.

22?27. «Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba
medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez, y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿
hay en casa de tu padre lugar donde posemos? Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el
cual ella dio a luz a Nacor. Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para
posar. El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová, y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo
Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a
casa de los hermanos de mi amo.» El gesto de regalar esas joyas a la muchacha tiene no sólo el
propósito de manifestarle su agradecimiento; también es un mensaje a los padres de ella para
hacerles ver que él viene de parte de un hombre muy rico. Labán responderá ávidamente a ese gesto
(versículos 30 y 31). Como dice Proverbios, «la dádiva del hombre le ensancha el camino" (Pr 18.16).
Eliezer se maravilla al ver cómo Dios lo ha guiado con mano segura directamente a una muchacha
que es de la parentela de su amo. Él no ha tenido que ir por acá y allá preguntando y averiguando.
Dios ha dirigido sus pasos no sólo por amor a Abraham sino también porque él es siervo fiel de su
patrón..

Entonces reconociendo que Dios está en el asunto y ha tenido misericordia de Abraham y de él,
Eliezer se inclina y adora al Señor.

28?32. Los padres y el hermano de Rebeca reciben gustosos al hombre que viene de parte de su
pariente y le brindan la hospitalidad generosa que era habitual entre ellos practicar con los forasteros
importantes. Le ofrecen su casa para él, sus camellos y los siervos que trae consigo.

33. «Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él
le dijo: Habla.» Eliezer se niega a sentarse a la mesa de la hospitalidad que le ofrecen sus anfitriones
antes de haber transmitido el encargo que lo trae desde tan lejos. Tiempo hay para comer. Antes de
restaurar el cuerpo, él quiere cumplir con su cometido. Su obligación pasa delante de su satisfacción
personal.

34?48. Entonces, muy a la manera oriental, les relata con lujo de detalles la historia del porqué ha
venido y cómo fue el encuentro que tuvo con Rebeca guiado por la mano de Dios.

49?51. «Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no,
declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra. Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De
Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete,
y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová.» Ellos reconociendo por el relato que hace
Eliezer que era de Dios de quien viene lo que han escuchado, acceden con gusto al pedido que les
hace el siervo de su pariente: «Ahí la tienes. Llévala para que sea esposa de nuestro hermano».

54?56. «Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de
mañana, dijo: Enviadme a mi Señor. Entonces respondieron su hermano y madre: Espere la doncella
con nosotros a lo menos diez días, y después irá. Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha
prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor.» Llegados al acuerdo Eliezer
quiere partir sin demora para llevar a Isaac la muchacha que Dios le destina, pero los parientes
desean, como es natural, que se quede un poco de tiempo con ellos para agasajarlo y disfrutar de su
compañía. Aunque seguramente para él también sería agradable quedarse gozando de su hospitalidad
acogedora, Eliezer se niega a permanecer ni un solo día más, obrando de una forma que podría
parecer descortés. Para él lo más importante es cumplir el encargo que le han encomendado y no
detenerse ni demorar la buena nueva por cualquier otra consideración que lo halague. En esa manera
de obrar vemos una manifestación de su fidelidad.

57?58. «Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. Y llamaron a Rebeca,
y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.» Betuel y los suyos dejan la decisión en
manos de la doncella. Pero ¿qué más querría ella sino ir a encontrar a su prometido? Ella siente
también que esto viene de Dios, que es una gracia excepcional para ella, y tiene prisa para que se
lleve a cabo. ¡Qué sabia y espontánea es su reacción! Sí, me voy con él ahora mismo. Ella no quiere
despedidas largas, no va a extrañar lo que deja. Ella sabe que su destino, fijado por Dios, está en esa
tierra lejana, que no tiene miedo de partir.

Pero detengámonos un momento a pensar. ¿Qué muchacha hoy estaría dispuesta a partir empeñando
su vida y su futuro para unirse a un desconocido, aunque sea su pariente? ¿Qué muchacha moderna
arriesgaría tanto sólo porque piensa que esa es la voluntad de Dios? Ella era una mujer valiente y de
carácter. Pero también de fe. Hay un sugestivo paralelismo entre el llamado de Abraham y el de ella.
Como ocurrió con su pariente ella sale de Harán para ir a la tierra de Canaán. Dios le dice a Abraham.
«Sal de tu tierra». Ella responde. «Sí iré».

59?61. «Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus
hombres. Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y
posean tus descendientes la puerta de sus enemigos. Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y
montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue» no sin antes ser
bendecida de una manera elocuente. Ellos pronuncian sin saberlo una palabra profética en la que
resuena el eco de la promesa hecha por Dios a Abraham.

62?63. «Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev. Y había
salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos
que venían.» Isaac ha salido a hablar con Dios al campo, porque meditar es buscar a Dios. En ninguna
parte puede hacerse mejor que lejos de la compañía humana, en medio de la paz de la naturaleza. En
el campo bulle una vida diferente, la vida de la creación que obedece en todo a su Creador. Allí se
encuentra Dios y nosotros lo encontramos. Dios vino al encuentro de Moisés en la soledad del desierto
y al encuentro de Jacob cuando estaba solo. Quizá Isaac pedía por el buen fin de la misión de Eliezer.

64?65 «Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque había
preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había
respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió.» Cuando Rebeca ve la silueta de
un hombre en la lejanía su intuición femenina le indica que podría ser el varón a quien ella está
destinada y prontamente se baja del camello. Cuando se asegura de que es él cubre su rostro con el
velo de novia, según la costumbre de su pueblo. Ella se sabe bella, pero no quiere asombrar a su novio
con su belleza. (Nota 3). Otras cosas son más importantes. ¿No le habría preguntado ella a Eliezer en
el camino cómo era Isaac? ¿No se había estado ella enamorando de su novio al escuchar de boca de
Eliezer las cualidades que adornaban a Isaac? La Biblia dice poco acerca de Isaac, pero por lo que
transpira el texto era un hombre de carácter noble y obediente a su padre. Pensemos tan sólo en el
episodio de su sacrificio: el joven Isaac no ofreció resistencia alguna (Gn 22).

66?67.«"Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. Y la trajo Isaac a la tienda de su
madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su
madre.» Isaac no vivía ya con su padre sino en otro lugar. Pero puede entenderse que al llegar Rebeca
la lleva donde su padre, y la introduce a la que había sido la tienda de su madre que ya había muerto.
Y de inmediato se realiza el matrimonio a la usanza de ellos.

El texto dice que Isaac la amó. ¿Cómo podría no amarla si ella tenía tantas cualidades? El suyo era un
matrimonio hecho en el cielo. Dice que se consoló de la muerte de su madre. Es decir, Rebeca toma
en su corazón el lugar que su madre había dejado vacío al irse.

Dos mujeres dominan la vida del hombre, la madre y la esposa, y no deben ser rivales, sino
complementarse, y no debería ser necesario que la madre muera para que la esposa ocupe
plenamente en el corazón de su marido el lugar que le corresponde. Cuando la madre es sabia la
esposa de su hijo la amará y respetará tanto como su hijo porque ella es un solo cuerpo con su marido

He aquí las cualidades más saltantes de Rebeca, tal como se revelan en este capítulo. Ella es bella y
sin embargo su belleza ?como ocurre con tantas muchachas agraciadas? no la ha vuelto orgullosa ni
distante. Al contrario es servicial: le ofrece a Eliezer más de lo que él le pide. Él pidió de beber para sí y
ella le dice que dará de beber además a sus camellos. Eran diez, y tendrían «sed de camellos», es
decir no poca. ¿Cuántas veces habría bajado ella al pozo a llenar su cántaro? Podemos suponer que
también dio de beber a los siervos que venían con Eliezer.

Ella es rápida en sus movimientos, no es lenta ni perezosa. En su manera de servir se muestra
humilde. No se pavonea con las joyas que le regala Eliezer pero le ofrece sin mezquindad la
hospitalidad de su casa paterna. Al oír el relato de cómo Eliezer trata de seguir la guía de Dios en su
búsqueda de novia para el hijo de su amo, ella reconoce la intervención del Altísimo en esos hechos.
Por eso ella no duda en seguir la invitación de Eliezer para acompañarlo. Ella se somete al consejo de
Dios y no teme dejar padre y madre y hermanos para cumplirlo. ¡Ojalá fuéramos todos tan bien
dispuestos! (9.5.04)

Aunque los seres humanos somos imperfectos, dentro de nuestras cotidianas e inevitables
limitaciones, Dios encontró en Rebeca a la mujer más adecuada para ser madre del padre de las doce
tribus, esto es, de Jacob, y madre de dos pueblos que serían rivales...

(Génesis 25.20?34, 27, 28.5)

25. 20?21. «Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de
Padan-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo
aceptó Jehová y concibió Rebeca su mujer.» En Isaac se repite lo ocurrido con su padre Abraham que
toma por esposa a una mujer que era estéril. En la antigüedad la esterilidad era una deshonra para una
mujer, mientras que su mayor honor era engendrar hijos. Para el marido la esterilidad de la mujer era
peor que deshonra, pues significaba que su memoria y el de su linaje morirían con él ya que no dejaría
hijos que los perpetúen. Isaac y Rebeca deben haberse dicho: ¿cómo se cumplirá la promesa de Dios
a nuestro padre Abraham si nosotros no tenemos hijos? Pero confiados en que si Dios había dado a
Sara un hijo a pesar de que ella era estéril, y eso a una edad muy avanzada, pensaron que bien podría
Él dárselo también a Rebeca si clamaban. La oración de Isaac por su mujer debe haber sido una
oración de fe basada en la experiencia de su propio nacimiento tardío. (Nota 1)

22?24. «Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a
Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus
entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. Cuando se
cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.» Por el favor de Dios Rebeca
concibió, y no sólo uno sino dos hijos mellizos que luchaban en su seno, algo ciertamente inusual. La
pelea le causaba un malestar tan grande que la vida se le hizo ingrata y deseó morir. ¡Cuánto había
ella deseado durante los primeros veinte años de su matrimonio tener hijos para que ahora, cuando
finalmente los tiene, y por partida doble, esos hijos tan deseados le sean motivo de sufrimiento! ¡
Cuántas veces nos sucede lo mismo: deseamos algo ardientemente pero cuando lo poseemos nos
decepciona y nos arrepentimos de haberlo deseado! Viéndose atribulada por su embarazo ella sale a
buscar la voz de Dios. En respuesta Dios le habla bien claro y le predice el futuro de sus hijos. Ella
sabe en adelante lo que debe esperar de ellos (2)

La maternidad de Rebeca era penosa porque, de una manera misteriosa para ella y para nosotros,
Dios estaba realizando sus propósitos a través de ella. Dos hijos llevaba en su vientre pero sólo uno
sería el portador de la promesa de Dios a Abraham. La lucha que se llevaba a cabo en su vientre era
un anuncio de la rivalidad que habría más tarde entre los dos hermanos y entre los descendientes de
ambos, es decir, entre dos pueblos. Pero era también una profecía velada de acontecimientos futuros.
El conflicto que aflige a Rebeca no es una contienda cualquiera: Es un conflicto de alcance cósmico de
profunda significación. Dos principios convivían en su seno y eran contrarios: el de la salvación y el de
la perdición del mundo representados por Jacob y Esaú (3).

25?26. «Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.
Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y
era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.» Y he aquí que Esaú sale primero, como
si la causa de Satanás llevara la ventaja. Pero la causa de Dios no deja triunfar a la del diablo y a la
larga vencerá. Eso es un símbolo de lo que con frecuencia ocurre en la tierra: la causa de Dios parece
vencida de antemano, pero al final triunfa. La mano de Jacob en el calcañar de Esaú es señal de la
lucha entre ambos por nacer primero (4).

27?28. «Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón
quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a
Jacob.» Los mellizos suelen ser, por lo general, muy cercanos el uno al otro y muy amigos porque
tienen gustos y aficiones comunes. Este es un caso extremo de diferencia de temperamento y de
enemistad. Esaú era cazador, amaba la acción violenta, mientras Jacob era tranquilo. Esaú era
impulsivo, extrovertido; Jacob era calculador, introvertido. Uno era velludo, el otro, lampiño, y eso sólo
es ya un signo elocuente de diferencia de temperamento. Esaú era del tipo de personas que suelen ser
muy populares, simpáticos, atléticos, deportivos, amantes del aire libre, fuertes, sensuales, pero nada
espirituales ni intelectuales. Esaú era de la tierra. Si en esa época hubiera habido encuestas de
popularidad sin duda Esaú habría salido ganando. Isaac, que era posiblemente también tranquilo,
apreciaba en Esaú las cualidades expansivas que a él le faltaban. (Nota 5)

En cambio Rebeca prefería a Jacob. Las madres suelen preferir a los hijos dóciles, sobre todo cuando
ellas tienen carácter fuerte; los padres prefieren a los aguerridos. Por contraste de carácter Jacob
estaba más apegado a su madre mientras que Esaú lo estaba a su padre. Pero hay una razón especial
por la cual Rebeca amaba a Jacob. Dice que Jacob habitaba en tiendas, esto es, permanecía en la
casa paterna junto a su madre (6). Había entre ella y su hijo una relación estrecha que no existía con el
otro, que era amante del campo abierto y de la aventura, y seguramente era de carácter brusco,
independiente y poco afectuoso, mientras que Jacob sí era lo último(7). Lo cierto es que las miras de
Esaú eran muy diferentes a las de Jacob. Él tenía sus ojos puestos en lo material, en las satisfacciones
sensuales; era un vividor, amante de la buena mesa, del deporte. ¿Sería Jacob más espiritual? Su
nombre quiere decir suplantador y los capítulos siguientes lo muestran como tramposo y calculador.
Era astuto donde su hermano prefería el uso de la fuerza. A la larga la astucia triunfa sobre la fuerza
ciega.

Pero si su madre prefería a Jacob era sin duda también porque era más sensible, más dado a lo
espiritual y, ¿por qué no?, a causa de la profecía que había recibido. Él debe haber escuchado narrar a
su padre la promesa que Dios le había hecho a su abuelo, y también a su madre la palabra del Señor
que ella había recibido cuando él estaba en su seno. ¿Por qué no pensar que él haya deseado
fervientemente que la promesa a Abraham se cumpliera a través de él y no de su tosco hermano, tanto
más si su madre había recibido de Dios una palabra que lo respaldaba y que, como consecuencia,
entre madre e hijo se hubiera establecido una complicidad secreta para lograr ese objetivo? En todo
caso pronto tendría oportunidad, que no desaprovechó, para obtener que Esaú le cediera el derecho a
la primogenitura.

29?34. «Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que
me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y
Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a
morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juro, y
vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él
comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura:» Jacob ve en el hambre
de Esaú una ocasión favorable para sus propósitos y no la desperdicia. Pero si él sabía que él estaría
algún día sobre su hermano y que eso implicaba la primogenitura ¿por qué no esperó que Dios se la
diera y se tomó en cambio la libertad de cogerla por propia iniciativa? Simplemente porque no sabía
cómo Dios actúa y por falta de confianza en él. Pagará muy caro su error. Pero no seamos demasiado
severos con él. ¿Quién había ahí para enseñarle cómo Dios obra? Durante los años y las peripecias
que vendrían después él iba a aprenderlo y ?he ahí lo importante? nosotros lo aprendemos a través de
él. Esas cosas sucedieron y fueron escritas como ejemplo para nosotros, recalca Pablo (Ro 15.4; 1Co
10.6).

Nótese que Esaú seguramente no ignoraba lo que encerraba la promesa dada a Abraham y que se
transmitiría a los primogénitos: ser padre de multitudes y ser bendición para todos los habitantes de la
tierra. Pero eso a Esaú no le interesa porque él ?en sus propias palabras? algún día va a morir y ¿de
qué le sirve lo que él no va a ver? Es decir ¿de qué le sirve lo que él no va a gozar personalmente? Él
no tiene reparos en desprenderse de lo que no le atraía y en sellar su renuncia con un juramento. Le
importaba tan poco que la Escritura dice que después de comer y beber «se levantó y se fue». No
sabía lo que dejaba detrás. A Esaú sólo le interesa lo material, concreto, lo que se puede ver y tocar.
Para ver en el futuro se requieren los ojos de la fe y él no los tenía. Pero Rebeca sí.

Aunque en su preferencia por el hijo menor hubiera un elemento de puro afecto humano, como es tan
común cuando hay afinidades de temperamento, ella debe haber sido consciente de que había un
propósito de Dios en la irreflexiva cesión de sus derechos, hecha por Esaú, coincidiendo con lo que a
ella le había sido anunciado.

Capítulo 27.1?29. (El lector haría bien en leer este pasaje, que por falta de espacio no puedo reproducir
y en el que se cuenta con lujo de detalles cómo Isaac fue engañado). Por el motivo señalado arriba, lo
ocurrido con el plato de lentejas contó sin duda con la aprobación de Rebeca, porque cuando ella se
enteró de que su esposo Isaac se preparaba para transferir su herencia de la bendición de Abraham a
Esaú, concibió rápidamente un plan para que la cesión que Esaú había hecho a Jacob de su
primogenitura le fuera confirmada por su padre, de ser necesario mediante un engaño.

Aquí vemos el lado humano de Rebeca. Ella en ese momento de la vida ?ya debía haber pasado los
sesenta años? se siente más ligada a su hijo preferido que a su marido, porque con tal de favorecer a
ese hijo no teme engañar a su esposo. A lo largo de la vida el amor entre los esposos se enfría si el
marido no cultiva el cariño de su mujer, y los hijos ocupan su lugar en el corazón de ella. Llega un
momento en que la mujer es más madre que esposa; el hijo de sus entrañas pesa en su afecto más
que el marido que lo engendró. ¿Tiene que ser siempre así? En muchas sociedades y culturas
antiguas el fuerte patriarcado está compensado por el influjo de la madre en el hogar, por un
matriarcado más sutil pero de influencia más penetrante. La madre tiene a veces más influencia en los
hijos que el padre. Cuando eso sucede dice mucho acerca del carácter de la madre.

Rebeca, astuta como suele serlo toda mujer instintiva ?que las mujeres me perdonen? concibe un plan
audaz para que Jacob suplante a Esaú ante su marido y trama una estratagema que Jacob temeroso
por sí solo nunca se habría atrevido a llevar a cabo (v.11?12). Ella tiene autoridad sobre su hijo:
«Obedéceme, yo sé lo que hago». En su arrojo ella está dispuesta a asumir la maldición que pudiera
recaer sobre su hijo si Isaac descubre el engaño. (8) Ella no sólo prepara el guiso de la manera cómo
le gusta a Isaac, sino que toma los vestidos de Esaú y se los pone a Jacob, y cubre sus manos, brazos
y cuello lampiños con la piel del cabrito. Pese a sus insistentes sospechas Isaac se deja engañar por
su hijo.

¿Puede Dios aprobar el engaño? ¿Refrendará Dios la bendición conferida por Isaac a pesar de que se
obtuvo mediante un fraude? La frase de Jesús: «lo que atares en la tierra será atado en el cielo» ¿se
aplicaría a este caso? Sea como fuese Dios se vale de los actos humanos, aun de los injustos para sus
propósitos, y refrenda a veces sus consecuencias, porque en su conocimiento previo de todas las
cosas, él ha previsto lo que haría el hombre. Y se vale de ello. Así es como muchas injusticias y
crímenes han hecho adelantar el plan de Dios. De hecho, como bien sabemos, el más grande de los
crímenes fue utilizado por Dios para llevar a cabo el mayor de sus propósitos, la salvación del género
humano. Y así como la traición de Judas fue parte de su plan, el engaño concebido por Rebeca formó
parte del proyecto de largo alcance de Dios, de forjar un pueblo que sería la cuna humana de su Hijo
(9).

Rebeca ama al hijo de la promesa. ¿Cuántos hijos de la promesa hay en Génesis? Dos: Isaac y Jacob.
Pero Jacob es hijo de una promesa de otro orden, dada a ella personalmente, no a Isaac. Isaac no
parece haber hecho mucho caso de la promesa hecha a su mujer porque estuvo dispuesto a traspasar
los derechos a la bendición de Abraham a Esaú sin recordar las palabras dichas a Rebeca. Quizá no
creía mucho en ellas. y prefirió seguir la costumbre ?el heredero es el mayor? y los dictados de su
corazón. Curiosa ironía: el hijo de la promesa que fue Isaac no se cuida del hijo, también de promesa,
que él tuvo.
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27.41?28.5. Pero Rebeca tuvo que pagar caro por el engaño. Cuando ella se enteró de que Esaú quería vengarse de Jacob y se proponía matarlo cuando su padre muriera, no le quedó otro remedio que convencer a Jacob que huyera donde los parientes de ella que estaban en Harán y se quedara ahí hasta que el enojo de Esaú pase (v.41?44). (Nota 10). En esta ocasión ella le dice nuevamente a Jacob: «Obedece a mi voz». Pero ella sola no puede enviar a su hijo donde sus parientes sin la autorización de su marido. Bajo el régimen patriarcal que prevalece entonces, en que el padre domina la vida familiar, sólo él padre puede autorizar al hijo a irse.

46. Entonces ella recurre una vez más a la astucia. Finge estar muy molesta (aunque quizá no finge, sólo exagera su fastidio) por el hecho de que Esaú haya tomado como esposas a dos hijas de Het, y le sugiere a su marido enviar a Jacob donde sus parientes para conseguir mujer, tal como él, Isaac, había recibido de allá a Rebeca. Isaac accedió al consejo de su esposa y mandó a Jacob donde sus parientes con el consejo expreso de no tomar mujer de los hijos de Canaán (28.1). Isaac despide a su hijo consciente de que es la bendición de Abraham la que él le transfiere (28. 3?4). Sin embargo, para Rebeca tener que enviar al hijo amado tan lejos era privarse de su compañía por mucho tiempo. En verdad ella pierde de un golpe a sus dos hijos: A uno porque se va, y al otro, porque seguramente nunca le perdonaría lo que ella le había hecho. Notemos que ella amaba también a Esaú, que también era su hijo, pues dice: «¿Por qué seré privada de ambos en un mismo día?» (27.45). En verdad ella nunca volvió a ver Jacob porque cuando él regresa finalmente después de más de catorce años de ausencia, a ella no se le menciona, signo seguro de que ya no vivía.

Concluyamos estas reflexiones diciendo que Rebeca, novia, esposa y madre, con sus virtudes y defectos tan humanos, fue un eslabón precioso y no pequeño en los planes de Dios para su pueblo y para la salvación del mundo. (16.05.04)

(1) Este es el segundo caso en la Biblia en que se ore por una deficiencia o dolencia física y hay sanidad. El primero está en Gn 20.17.

(2) No se nos dice cómo consultó Rebeca al Señor. Se han tejido muchas conjeturas al respecto. Es posible que ella fuera donde un vidente o profeta, como había entonces incluso entre los pueblos paganos, a los que la gente acudía en busca de orientación sobre el presente o sobre el porvenir, tal como la gente hace ahora. No es imposible tampoco que hubiera entonces siervos del Dios verdadero a quienes Dios transmitía su palabra («Vino palabra de Dios a....»), al lado de otros con el mismo género de dones, pero que no estaban en contacto con Dios, sino con el demonio, y que éste los utilizara, igual que hace hoy, para engañar y desviar a la gente. Algunos han especulado que pudo haber ido donde Melquisedec, pero eso es muy aventurado.

(3) En Isaac se reproduce lo ocurrido a su padre, que tuvo también dos hijos ?aunque de madres diferentes? que serían enemigos, ellos y su descendencia (Gn 16.11,12; 21.8?10).

(4) Isaac tiene a su primogénito también a edad avanzada, aunque no tanta como su padre Abraham (Gn 21.5).

(5) Pero es interesante observar que los tipos simpáticos y extrovertidos como Esaú no son lo que suelen jugar un papel preponderante en la historia sino los menos populares porque son más profundos. En este caso, en efecto, él pronto desaparece del libro del Génesis, mientras que Jacob ocupa muchas de sus páginas.

(6) Siendo pastores Isaac y su familia no tenían casa fija. Eran nómadas que plantaban sus tiendas donde encontraban pasto.

(7) En el siguiente capítulo nos enteramos de que las esposas que tomó Esaú entre las mujeres de los habitantes de Canaán eran causa de amargura para sus padres (Gn 26.35). ¿Por qué motivo? No se dice ni explica, pero podría ser a causa de su carácter, o porque fueran idólatras o, por lo menos, de hábitos de vida distintos. Es un hecho que las esposas de los hijos o viceversa, los maridos de las hijas, pueden ser causa de satisfacción y alegría para los padres, como también de sufrimiento y preocupación.

(8) Nótese que aunque Isaac descubre el engaño él no maldice a su hijo. Quizá piense que había algo de justicia en el hecho de que fuera él y no Esaú el que recibiera la bendición de Abraham. De hecho Esaú al haber tomado esposas cananeas e idólatras se descalificaba automáticamente. Quizá tardíamente recordó también que la primogenitura había sido prometida a Jacob antes de que naciera. También es cierto que no podía maldecir a quien ya había bendecido: «Yo le bendije y será bendito» (27.33). Pero el engaño cometido por Jacob y su madre no deja por eso de tener malas consecuencias para ambos.

(9) El fraude perpetrado por Jacob con el apoyo de Rebeca es muy censurable en términos de la ética cristiana. Pero nosotros no podemos trasladar sin más la moral de tiempos posteriores a esos tiempos en que la moral no estaba muy avanzada. No podemos juzgar los actos y personajes del pasado con los ojos del presente porque la revelación de que ellos disponían estaba recién en sus comienzos.

(10) Esaú pospone sus deseos de venganza hasta la muerte de su padre, respetando sus canas, algo que los hermanos de José no hicieron.
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