Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org
MARIA MAGDALENA Y MARIA... AMIGAS DE VERDAD
La madre de Jesús y María Magdalena
DOS GRANDES MUJERES ESCOGIDAS POR DIOS

Últimamente he estado repasando en mi corazón y en mi mente las vidas de María Magdalena y de María (la madre de Jesús), llegando a pensar cosas tan maravillosas que para mi habían estado veladas.

María escogida por Dios el Padre desde muy jovencita , recibió instrucciones muy claras de lo que iba a ser su vida en los siguientes años. Todo desde la visita del ángel Gabriel fue muy distinto para aquella muchachita virgen en su corazón y en su cuerpo también.
Palabras difíciles de asimilar para cualquier muchacha de aquella época tuvieron que ser asimiladas con toda la fe que había en su corazón.
Ella fue especial para Dios y bienaventurada para todas las generaciones venideras.
Entre muchas palabras se le dijo esta, “
una espada traspasará tu misma alma “. La responsabilidad era grandísima para ella. Todo lo estaba recibiendo en su tierna fe. Mi vida quiere tomar ejemplo de ella a la hora de afirmarme solamente en la fidelidad de su Palabra.
Para mi entender, María fue la discípula mas temprana y que más años siguió al Maestro Jesús durante todo su ministerio en la tierra.

Cuando un día
María Magdalena fue llamada, liberada y salvada por el Amor de Jesús, paso a ser junto  a María, otra fiel seguidora de su Señor. Su pasado quedó inmediatamente aplastado, jamás se volvería a levantar, nadie podría recriminarle su pureza de alma y su limpieza de espíritu. Su gran Amigo realizó un rescate perfecto y ella se lo agradecería de por vida y por la eternidad.

A partir de aquel instante, ambas compartirían mucho más que los quehaceres del servicio a Jesús y sus discípulos, sino que también las confidencias entre ellas serian muchas y muy intensas.
Su gran amor por Jesús y su intensa devoción las unió en extremo, pues todas las ocasiones que en los evangelios se les nombra, aparecen sus dos nombres escritos.
Puedo declarar que esa unión paso a ser una de las Amistades por excelencia que en las escrituras se nos deja constancia para que aprendamos e imitemos.
Ellas no eligieron a Jesús, sino que El eligió a ambas, (que es muy distinto).
Todo lo que El hace está hecho desde la perfección y por lo tanto tiene mucho fruto para dar.

En el transcurrir del Ministerio de Jesús por toda la tierra de Israel, estas discípulas aprendieron multitud de lecciones que iban guardando en su corazón.
El pasado que cada una de ellas había tenido, era muy distinto el uno del otro, pero sin embargo sus ríos se habían unido para toda la eternidad.

María, desde su niñez estuvo creciendo en una familia fiel a la ley de Moisés (conociendo nosotros que ninguna persona era santa y perfecta solo El Hijo de Dios) ella aprendió a ser una niña obediente y dispuesta para su Dios.
Por el contrario la vida de María Magdalena no tuvo el mismo recorrido, ya que acabó siendo tomada y encarcelada por el Diablo. Al Maestro no le importó lo oscuro de su pasado, ya que ante los ojos del Padre, las dos Marías necesitaban un Redentor.
Tanto María como María Magdalena se rindieron a Jesús y se dejaron limpiar por El; ahora si, ambas estaban dispuestas para servir a su Señor.

!Los ojos de Jesús no miran a las personas  igual que los nuestros¡ !Gracias Padre¡
  
No quiero pecar diciendo cosas que solamente están en mi mente;
pero limitándome a lo que está escrito en su Santa Palabra y lo que el Espíritu me revela, puedo entender muchísimas cosas.
María fue: alabada por el ángel Gabriel, bendecida por Ana (madre de Juan Bautista), honrada por Simeón y Ana en el Templo,  reprendida por Jesús en varias ocasiones etc. y esto le llevó cada día más a una fidelidad especial hacia Jesús.
María Magdalena también absorbía cada una de las palabras que salían de la boca de su Señor , porque  estas eran agua fresca para su alma.

!No hay nada mas precioso que el mismo Jesús dedique su tiempo a limpiarme con su Palabra para sacar de mi esa perla que hay dentro¡.

Dice la canción:
“,,, yo quiero ser Señor amante,
como el barro en manos del Alfarero,
toma mi vida, hazla de nuevo,
yo quiero ser, yo quiero ser, ... un vaso nuevo...”

El momento mas duro que ambas amigas tuvieron que superar fue, sin lugar a dudas, el día que Jesús fue apresado, torturado y crucificado. ¿Que ser humano podía soportar un martirio semejante?
Ellas, que todo estaban dispuestas a hacer por su Maestro y sin embargo, en pocas horas se vieron desbordadas por tanto dolor y espanto a la vez.
Jesús se encontró realmente solo, al fin y al cabo las dos amigas se tenían la una a la otra, (nunca dejando de lado al resto de mujeres que de una manera u otra también seguían a Jesús y le servían)
Tanto dolor y sufrimiento se repartía entre ambos corazones. Las lágrimas tenían el mismo sabor en las dos mejillas. El pasaba delante de ellas portando el madero y la espada que atravesaba el alma de María también se hincó en el de su amiga.
¿Que podían hacer ellas?   Sus lágrimas se volvieron amargas como nunca antes, sus espíritus estremecidos hasta el limite. !Clamando Padre, Padre¡ Y el Padre diciéndoles, interceder por vosotras mismas ya que la vida del Unigénito del Padre está en sus propias manos.
El podía tomarla o dejarla. Este misterio estaba aun por descubrir.

Andando las dos mientras subían la vía dolorosa, un brazo se entrelazaba con el otro. Su corazón (el de Jesús) se golpeaba en el suelo una y otra vez, el madero se había fundido en sus espaldas y hecho  un hueco en su hombro derecho.
María sobre María Magdalena, corazón sobre corazón, amigas en el sufrimiento compañeras para el dolor.

Canciones se han hecho muchas sobre el sentir de estas dos siervas de Jesús, pero la cruda realidad creo que es imposible plasmarlas con palabras ni entonarlas con melodías. Solo El mismo sabía que pensamientos estaban pasando en aquel momento por las mentes de ellas. La mejor y única manera de ayudarles en aquellos instantes, era llegar a la cumbre del Gólgota con el madero.
Ellas sabían que para silenciar aquella barbarie  solo era necesario que El se dejara caer, echase a un lado el madero y allí mismo ser linchado hasta entregar su espíritu. ¿Pero?
¿Por qué tanto esfuerzo en llegar a lo mas alto del monte?.
Todo su anhelo era cumplir, si, digo cumplir las Escrituras, todas y cada una de las profecías escritas sobre El. La Palabra es El, es también  la Verdad,  lo sabia, debía ascender al monte, debía ser levantado en alto, suspendido en el aire, mirando al Cielo pero sin ver al Padre. Las dos amigas no discernían que su vida dependía si El se levantaba o no lo hacía.

!Quien podía imaginarse tanto dolor, tanta angustia y desolación,  dentro de un ser tan bueno como Divino¡
Tanto misterio les estaba llevando al limite de sus fuerzas. El aire oscuro que había en aquel recorrido dolía cuando se respiraba; les provocaba a las dos desgarros de incomprensión. ¿Que ha hecho?, ¿que ha hecho? Se preguntaban una y otra vez.  Nadie contestaba sus pensamientos y mucho menos suavizaban su dolor. Bueno, realmente, un solo gesto logró infundirles un poco de aliento  en todo aquel desconcierto. Hubo un instante en que lograron acercarse tanto a su Amigo y Señor, que El les pudo mirar a los ojos, (aunque ellas no pudieron verle los suyos) transmitiéndoles aquel brillo de Amor inefable,una confianza que decía “todo va a salir bien” “no estáis solas”
“¿alguna vez os he defraudado?”.
En aquel momento se dieron cuenta que ya no le daban su mano para caminar junto a El, a partir de aquel instante, fueron sus corazones que ya, eran uno entre ellas, los que se fundieron en uno solo con el de Su Maestro.
Se volvió realidad otra vez aquella palabra que dijo hacia muchos años una gran amiga de Noemí: “donde tu vayas, allí iré yo y donde tu mueras moriré yo”
María y María Magdalena murieron realmente en el polvo de aquella senda regada de sangre y pisada por los demonios que se mofaban celebrando su victoria.

Nunca habrá una amistad verdadera entre dos mujeres, no, nunca la ha habido ni la habrá jamás. Creo fielmente y no me equivoco que siempre serán tres los que comparten esa unión. No volverían ellas a hablar de “tu a tu”, siempre seria a partir de ese momento “entre nosotras y El...”
Ahora el Espíritu Santo me habla de ellas, cuando esté en el cielo, ellas dos me hablarán de El.
 
¿Cuál era la firmeza de sus vidas en aquellos instantes? No lo era su ministerio, no eran los lazos familiares que les unían, no eran sus recuerdos recientes ni tampoco el reconocimiento de sus amigos, solo les mantenía en pie el gran Amor que El había derramado dentro de ellas.
María había dado a luz a Jesús, pero Jesús seguía morando dentro.
Sabían que Jesús era el regalo de Padre para sus vidas, pero entonces ¿por que se lo querían arrancar de aquella manera? Nada en aquella oscura noche era justo. Todo alrededor temblaba de pánico y dolor, sufrimiento y angustia. Ninguna cosa podían hacer ellas por su amado; solo esperar a que El les salvase. La Santidad de aquel Ser le hacia fuerte, estaba desfigurado pero era bello, tenía el alma quebrada por el desenfreno de los malignos a su alrededor, pero su corazón de León de Judá, rugía  encerrado en un cuerpo de Cordero bien dispuesto; no se defendía pero era valiente.

Nadie lo vió amedrentarse, estaba débil, pero se levantaba. Las piedras que le lanzaban, rebotaban en el cráneo pero también en su mente que tanta sabiduría les había  impartido.  Seguía respondiendo con bondad exquisita...

No eran sentimientos normales los que experimentaban, eran una tortura que parecía no terminar nunca. Algo les decía dentro de sí a las dos, “hay que ser fuertes” . Estaba claro, aquel ser que tenían delante les estaba sosteniendo en medio de su sufrimiento.
María pensaba:
hablame, dime algo, necesitamos escucharte, no podemos ver tus ojos, un velo de sangre nos  lo impide. Esto es horrible no se puede aguantar. Nuestras  fuerzas y las de todo aquel que te ha creído están subidas en esa cruz. Si tu puedes huir, huiremos contigo si decides morir moriremos a tu lado.
Delante tuyo vemos la VOLUNTAD de tu Padre, siempre lo ha estado, pero jamas había sido tan difícil de cumplir.
Solamente tu fuerza, autoridad, poder y gran pasión serán tus compañeras ahí arriba. Nuestros  ruegos carecen de poder pero nuestro corazón late lentamente para siempre estar a tu lado.
Salvanos del dolor cúbrenos como siempre lo habías hecho. No dejes solas a tus amigas que te sirven.
De repente oímos un grito desgarrador, el clamaba a su Padre por liberación, pero el Padre hacia rato que no lo miraba.
Eso fue lo peor para El. Más insoportable que la misma cruz, era el hecho de no tener SU mirada

Ya apenas se mueve tu pecho al respirar, la oscuridad te roba el aire de alrededor, todos te sacan burla y la exponen para mofa de los infiernos. Que sera de nosotras...
Inesperadamente inicia un gesto de querer hablar,.. todo lo deja bien claro: Juan mi hijo cuidará de mi, mas yo se que El será quien nos sostendrá.
 
Sentimos las dos que la luz del Padre no está sobre El, ¿que esta pasando? El Padre nunca lo había dejado solo.
El soldado de tu derecha se acerca con su lanza, ¿que piensa hacer? Te mira de cerca y no encuentra motivos para hacer lo que venia a hacer, durante unos instante medita y cerrando los ojos enviste como un demonio más su lanza contra tu costado del cual inmediatamente fluye el agua de tu vida salpicando el suelo regado de Sangre Santa.
Agua y Sangre se unen y se esconden entre la tierra y el polvo de aquel lugar.

Debemos detenernos,,,,
el Abismo acaba de engullir al Más grande. El sobre su cruz dió la orden, a si mismo se envió y así mismo entregó su espíritu. Las dos hemos oído lo mismo, no ha sido un suspiro, sino un quebrar profundo de su ser se ha escuchado, se ha ido, El ya no está aquí.
!!Dios nuestro¡¡

Recordando estamos ese día en que el nos dijo:
“es necesario que el Hijo del hombre padezca y muera...”
Sus palabras cobraron de golpe tanto sentido que era imposible bajar el Gólgota, ¿Pero que hacer allí? Su cuerpo se lo habían llevado y las tinieblas se estaban apoderando del mundo en medio de un gran temblor. No sabemos exactamente si el temblor estaba en nuestro abatido ser solamente, o en las rocas que saltaban por toda la ladera.
Delante nuestro solo estaba El, su dolor, su gemir, su incalculable amor y la gran Pasión que recubrió cada pequeña piedra de aquel lugar.
Volvimos a casa en silencio, que decir, solo llorar y abrazarnos. Nunca antes el había estado tan lejos.
  
Bendiciones.
>>  Predicas para mujeres cristianas