Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org
LA RESURRECCION DE JESUCRISTO
EL nos dijo que EL era nuestra salvación
NOSOTRAS HEMOS VISTO LA RESURRECCION

Ya han pasado dos días, casi tres desde aquella hora tan horrible.
Nuestro Jesús estaba siendo envuelto en una sábana, su cuerpo era el escenario del más terrible ensañamiento que jamás haya existido con un ser humano.

No se puede describir el estado en que quedó. No tenía piel, todo su cuerpo era de color rojo intenso o morado ennegrecido.
Nuestros ojos cruzaban sus miradas y clamábamos por respeto a aquel cuerpo que momentos antes, contenía al Dueño del universo y al Señor de todo. ¿Dónde estás? ¿Dónde te has ido?.

Realmente en el polvo de la tierra no te escondes.
Nos dijiste una vez que “es necesario que me vaya ...” pero... ¿a dónde?.
En aquel monte ya no quedaba nadie,  delante muestro bajaban los cuatro soldados custodiando al Santo de los Santos.
Era temprano, pero en silencio, ya que no podía ser de otra manera, entramos las dos en casa, Juan venía detrás, también en silencio.

A la mañana siguiente muy temprano fuimos a la casa de Pedro. Quizás el tendría algo que decirnos. Cuando la tarde anterior nos separamos, su cara  estaba desfigurada por la impotencia.
El conocía muy bien a su Maestro, y aun así tampoco entendió nada.
Todo parecía haber terminado. Estas horas de incertidumbre sería mejor no pasarlas solas en casa. Estaremos todos juntos. El lo hubiera deseado así. ¡Los suyos siempre unidos!
Allí en casa de Pedro, no se hablaba, apenas se comía y solo habían miradas de duda. El temor por si la puerta se abría de golpe y aparecían los soldados, no nos dejaba ni respirar.

María tenía en su corazón muchas experiencias que nunca se atrevió a contar, pero en esas largas horas junto a su Amiga, le estaban volviendo a su pensamiento una tras otra.
¿Por qué un final así para alguien tan Divino, especial y cercano a la vez? ¿Dónde estaba el Padre? Jesús siempre lo reverenciaba, constantemente nos hablaba de El. Si El Padre no lo libró de morir así, debía tener una explicación. Seguro eran muy importantes los motivos.

El le dijo un día a una de nosotras , yo soy vuestra salvación. Mi fe era su fe , mi temor su temor. Era incomparable su forma de darnos lecciones . Creíamos que amar era bonito, pero el nos enseñó que amar era dejar de ser nosotras mismas .
María,  ¿te acuerdas como fue la primera vez que el me amó?. En silencio me miró, pero yo oía su corazón. Era grande su amor por mi. Nadie, nadie jamás se había parado tanto rato a mirar mis ojos. Mi corazón. se quemó por dentro, se deshizo aquel velo oscuro que lo envolvía. No pesaban mis pensamientos de culpa, solo experimentaba una sensación de felicidad y deuda a la vez.
A partir de aquel día mi ser completo paso a pertenecerle. ¡ Yo sé que tu me entiendes Amiga!.

Dolor y más dolor a cambio de tanto amor. Si tantos eran los que le amaban,  ¿por qué le han dejado solo?
El era Rey, pero vivió sirviendo. Solo obedecía a su Padre, yo le llevé en mi vientre, pero Él nunca tomó una orden mía y a la vez, jamás fue desobediente. Eras grande, Amor del Padre y Señor de la tierra. Esa misma tierra que tu eras dueño, ahora te cobija en una tumba.
Asesinos, enfermos y quebrantados de espíritu eran por tu mano restaurados. ¿Dónde está la gratitud que te merecías?
En la ley esta escrito que la cruz seria el fin de los malditos. Tu obedeciste la ley siempre ¿Por qué moriste en el madero?. Te has hecho maldito por nosotras. Realmente es así, nosotras lo sabemos.

Cuando pase el día de reposo iremos juntas a ver el lugar que está su cuerpo. Si, lo ungiremos con las mejores especias que consigamos. ¿que otra cosa podemos hacer por Él?
Todos tienen miedo a ir allí, pero  realmente no pueden hacernos mas daño.
El ya no está y nuestra alma sangra sin parar al recordar el aroma de sus palabras,  el calor de sus gestos.

Llegó la mañana del tercer día y todo estaba preparado en el alfolí de María. Juntas se dirigían al campo de José de Arimatea, allí lo habían puesto. Encastada en la roca estaba la tumba de nuestro Amado. Un vientre virgen le recibió al nacer y una roca virgen recibió al Hijo en su muerte. Demasiadas casualidades para no estar escritas en los hechos de su Padre.
Lo vamos a ungir y también lo besaremos. El era bueno, seguro que algo de su amor infinito quedará en su cuerpo. Quizás al ver su cuerpo El Padre hablará a nuestro corazón. El siempre decía “El Padre y Yo, uno mismo  somos”. Si, seguro, El nos hablará. ¡Vayamos pronto!
Cada paso que dábamos cogidas del brazo, solamente  de testigos, la luna y el aire endurecido por el dolor que aun desprendía el Gólgota gigante a nuestra derecha. Este se volvía quebranto y gritos de silencio alrededor.
Todo iba a cambiar.

Dos árboles majestuosos presidian la entrada del huerto. Con temor a los romanos que seguro estarían allí, decidimos avanzar confiando en el eco de su voz que aun se oía,
!clamad por vosotras y por vuestros hijos¡.
Si nos apresan aquí, huiremos de este nuestro doloroso sentir.
Fue fácil encontrar su tumba. Estaba justo en el corazón del huerto, en la gran roca que sobresalía siete metros a la ancho.
La piedra que debía tapar la entrada, estaba retirada. ¿Y los soldados? ! No lo están cuidando¡ Incluso ellos lo han dejado solo.
Entremos hagamos nuestro último servicio por Él. Después de este día solo quedará en nuestro corazón  su pasión y su amor infinito por los demás.

AHORA NO HABLAREIS VOSOTRAS:
dejadme que yo explique lo que allí sucedió.
Las dos pisasteis la entrada y al buscar con la mirada donde podría estar mi cuerpo envuelto, solo hallasteis una sábana ensangrentada puesta a un lado. Gritasteis como una sola al ver que yo no estaba allí, por el suelo rodaban los frascos que traíais en vuestro alfolí. Salisteis fuera y al intentar correr para dar aviso que un robo había sucedido, tropezasteis y delante vuestro estaba Yo. Las lágrimas que parecía que no teníais ya, aun rodaban hasta la saciedad. Me confundisteis con el hortelano (lo entiendo, yo lo quise así)  me acusasteis de ladrón, pero rápido os hice entender quien era Yo. Casi muere de emoción un corazón después del otro. Me queríais tocar pero , esto no podía ser. Al menos, no de momento.
Dos palabras fueron necesarias para que volviese la luz a vuestros ojos y también el latir a vuestro corazón.

!HE RESUCITADO¡
!Oh Maestro¡ no estás muerto, tu vives. Todo es cierto, la Verdad está aquí delante, Amigo de nuestras almas angustiadas y que haces vivir los corazones.
Desde el suelo nuestro rostro y corazón te adoran, eres fiel. Cada gesto, cada expresión están para honrarte. No quieres que te toquemos, ya que aún no has visto al Padre. Si, Él debe ser el primero en ser glorificado con tu Presencia. Ahora mismo iremos a dar la gran noticia a los demás. Pedro tiene que saberlo.

Todo tiene sentido, Él ha vuelto y lo ha hecho como Resucitado de entre los muertos.

EL REINA POR SIEMPRE Y SIEMPRE.

Bendiciones.
>>  Predicas para mujeres cristianas