ANALIZANDO LAS RAZONES DEL SUFRIMIENTO


Luis Palau
PASO 16

Un filósofo francés hizo el siguiente comentario: "Dios está muerto. Marx está muerto. Y yo por mi parte no me siento muy bien."
Sus palabras y actitud ilustran el pesimismo reinante en nuestra sociedad.

Si en verdad hay un Dios, ¿por qué permite tanto sufrimiento en el mundo? se pregunta la gente.

Muchos cristianos sinceros se debaten con esta misma pregunta. Sólo podremos entender el problema del sufrimiento yendo a
la Biblia.

Básicamente, hay cuatro clases de sufrimiento. El primer tipo es el sufrimiento como resultado de desastres naturales, como
por ejemplo un terremoto o una gran tormenta, cuyas consecuencias afectan a justos e injustos (Mateo 5:45).

Una segunda clase de sufrimiento podría denominarse "la inhumanidad del hombre para con el hombre." La guerra entraría en
esta categoría. El hombre trata de herir a su prójimo en razón de su codicia y su orgullo (Santiago 4:1-2).

Un tercer tipo de sufrimiento se demuestra con claridad en la vida de Job en el Antiguo Testamento. Fue resultado del ataque
directo de Satanás. Después que recibió autorización de Dios, Satanás comenzó a actuar y causó un sufrimiento indecible a
Job y su familia.

La cuarta clase de sufrimiento es el que se produce como resultado de nuestras propias acciones equivocadas. Por ejemplo, si
me arrojo del techo de mi casa y caigo al suelo, rompiéndome la pierna (y eso es lo menos que podría sucederme), estoy
sufriendo porque quebranté la ley divina de la gravedad. De la misma manera los individuos sufren cuando quebrantan las leyes
morales de Dios.

Mucho sufrimiento existe como resultado de las malas elecciones que hacen los hombres. Parte del sufrimiento--aunque no
todo--es permitido por Dios como castigo por el pecado. A menudo Dios simplemente obliga a las personas a vivir con las
consecuencias de sus acciones (Gálatas 6:7-8).

Cada vez que los hombres quebrantan las leyes de Dios, hay otros que también estarán expuestos al dolor. Encontramos un
claro ejemplo en la historia de Acán en Josué 7. Cuando él codició y tomó parte del botín de la batalla de Jericó, su pecado
costó la vida de 36 hombres en la batalla contra el pueblo de Hai. Otros habrán de sufrir por la desobediencia de una persona.
Es inevitable.

Ya sea que hayamos provocado nuestro sufrimiento o no, la manera en que respondemos a él habrá de construirnos o
destruirnos como cristianos. Las circunstancias por lo general no moldean nuestro carácter sino que lo revelan. Pero
respondiendo adecuadamente a las pruebas, podemos desarrollar paciencia y un carácter maduro (Romanos 5:3-4).

Los problemas, las presiones, la calamidad o la muerte de un ser querido a menudo hacen que nos examinemos y tratemos de
descubrir pecado en nuestras vidas (ver 1 Reyes 17:18). El dolor clava la bandera de la verdad en el corazón. Sin embargo,
debemos tener cuidado de no permitir a Satanás que nos abrume con un falso sentido de culpa y un dolor por demás excesivo
(2 Corintios 2:7). La esposa de Job lo instó a maldecir a Dios y morirse. Pero él no se dio por vencido y permaneció fiel al
Señor. Nótese que al final Dios le devolvió a Job todo lo que había tenido antes, y aun más (Job 42:10-17).

En vez de centrar la mirada en las circunstancias, debemos mantener nuestros ojos en Jesucristo, la fuente de vida. El nos dará
victoria en cualquier situación que atravesemos, y como resultado de esas pruebas seremos cristianos más fuertes y mejor
equipados para servirle.

En tiempos de pesimismo y sufrimiento podemos decir con el salmista: "¡El está a favor mío! ¿Cómo podré temer? ¿Qué podrá
hacerme el hombre?" (Salmo 118:6 BD). El Señor mismo, como el Siervo Sufriente, es nuestro consuelo y esperanza en
tiempos difíciles.
Estudios bíblicos y artículos

APROPIANDOSE DE LAS PROMESAS DE DIOS


PASO 14
por Luis Palau

Luego de leer, estudiar, memorizar y meditar en varios pasajes de la Biblia, ¿
cuáles parecen ser los más difíciles de creer?

¿Las profecías? ¿Las porciones narrativas? ¿Los pasajes doctrinales? ¿Las
promesas de Dios?

Tengo la impresión de que para muchos cristianos el problema más serio radica
en las promesas de Dios. Son lindas palabras. A veces hasta nos animan. Pero
no podemos dejar de preguntarnos: "¿Funcionan en realidad?"
Inconscientemente, al menos, nos cuestionamos si Dios es fiel a sus promesas.

El evangelista Moody declaró con confianza: "Dios nunca hizo una promesa que
fuera demasiado maravillosa como para ser verdad." Piense en esa aseveración.

En el Antiguo Testamento leemos: "No faltó palabra de todas las buenas
promesas que Jehová había hecho a la Casa de Israel; todo se cumplió" (Josué
21:45. Compare con 23:14-15). Años más tarde Salomón declaró: "Bendito sea
Jehová que ha cumplido su promesa y ha dado reposo a su pueblo Israel; ni una
palabra ha dejado de cumplir de todas las maravillosas promesas dadas por su
siervo Moisés" (1 Reyes 8:56).

Ninguna de las promesas de Dios ha faltado. Todas se han cumplido. Los únicos
absolutos que podemos proclamar son aquellos que hallamos en la Palabra de
Dios. El hombre tiene conocimientos

y puede adquirir más independientemente de la revelación de Dios, pero la Biblia
testifica de cosas que van más allá de todo eso.

Dios muchas veces ha hecho declaraciones en Su Palabra de verdad, y ha dado
a su pueblo "preciosas y grandísimas promesas" (2 Pedro 1:4).

Algunas de sus promesas fueron hechas específicamente a un individuo (Josué
14:9), a un grupo de personas (Deuteronomio 15:18) o incluso a una nación
(Hageo 1:13). Debemos tener cuidado de no pedir a Dios el cumplimiento de
promesas que fueron dadas de manera específica a otra persona.

Afortunadamente, muchas de las promesas del Antiguo Testamento, están
repetidas en el Nuevo, y son nuestras para pedirlas a Dios hoy también. Dios
prometió a Josué: "No te dejaré ni te desampararé" (Josué 1:5). En Hebreos 13:5
Dios transfiere esa promesa a nosotros como cristianos.

El predicador Carlos Spurgeon señaló: "Oh hombre, te ruego, no trates las
promesas de Dios como si fueran curiosidades para un museo; sino créelas y
úsalas." Nos apropiamos de las promesas de Dios aprendiéndolas (a través del
estudio y la memorización), viendo nuestra necesidad de ellas, y dándole tiempo
a Dios para que las haga parte de nuestra experiencia diaria.

El teólogo J.I. Packer dice: "Antes de conceder Sus promesas, Dios enseña al
creyente a valorar esos regalos que promete haciendo que el creyente espere
por ellos, y obligándolo a orar persistentemente para recibirlos."

Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades. Pero, por otra parte,
debemos pedir su provisión. Cristo dice: "Pide y se te concederá lo que pidas.
Busca y hallarás. Toca y te abrirán" (Mateo 7:7 BD).

Cada una de las promesas que podemos pedir en el nombre de Cristo, están
garantizadas y serán cumplidas por Dios en nuestro favor para Su gloria (Juan
14:13-14; 2 Corintios 1:20).

¿Cuál es la necesidad de su corazón hoy, amigo mío? El Señor ha prometido
suplir esa necesidad. Crea en El.

CONFIANDO EN DIOS CUANDO SUFRIMOS


Luis Palau
PASO 15

Hace varios años un submarino se hundió con toda su tripulación a la altura de la cosa atlántica de América del Norte. Cuando
por fin la nave fue encontrada, se enviaron buzos para evaluar los daños y la posibilidad de rescatar los restos del naufragio.

Cuando los buceadores se acercaron al casco de la nave, fueron sorprendidos por un golpeteo en código Morse. Era evidente
que alguien estaba vivo en el interior del submarino. El mensaje era una pregunta desesperada contra las paredes de la tumba
acuática: "¿Hay esperanza? ¿Hay esperanza?"

Usted y yo nos hacemos la misma pregunta cuando debemos enfrentar un problema particular o cuando una tragedia nos toca
de cerca. Después de todo, ¿quién está totalmente libre del inmenso dolor de perder a un ser querido, de la frustración del
desempleo, de la angustia de un hogar destrozado o de otros cientos de dificultades?

Nos sentimos atrapados y sumergidos por el peso de las circunstancias y preguntamos: "¿Hay esperanza? ¿Hay realmente
esperanza para solucionar este problema?"

A menudo en tales ocasiones recordamos las palabras de Romanos 8:28, "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." Debemos notar que Pablo no dijo:
"Comprendemos cómo todas las cosas ayudan a bien," sino que dijo: "sabemos que ayudan a bien." Esta promesa es un ancla
segura cuando las tormentas de la vida golpean sin piedad contra nosotros.

El apóstol Pablo había reclamado esta promesa muchas veces, aun antes de haber escrito su famosa carta a los Romanos. El
sabía lo que era sufrir penurias, persecución, indiferencia, traición, soledad, enfermedades, pedradas, azotes, naufragios,
desnudez, hambre y sed, falta de sueño, tremendas presiones.

¿Qué evitaba que Pablo se hundiera? Creo que su total confianza en el Dios que promete sostenernos pase lo que pasare. Al
final de su vida pudo decir: "Sé en quién he creído, y estoy seguro de que puede guardar lo que le he encomendado hasta el día
de su retorno" (2 Timoteo 1:12 BD). ¿Qué le había encomendado Pablo a Dios? Su propia vida.

En el Antiguo Testamento leemos: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado" (Isaías 26:3). Esta promesa también está destinada a nosotros hoy, como repetidamente se revela en el Nuevo
Testamento.

¿Está usted enfrentando una dificultad, amigo? Una vez más deje su vida en manos del Señor. Luego crea de corazón las
palabras de Filipenses 4:6-7, "No se afanen por nada; mas bien oren por todo. Presenten ante Dios sus necesidades y
después no dejen de darle gracias por sus respuestas. Haciendo esto sabrán ustedes lo que es la paz de Dios, la cual es tan
extraordinariamente maravillosa que la mente humana no podrá jamás entender. Su paz mantendrá sus pensamientos y su
corazón en la quietud y el reposo de la fe en Jesucristo" (BD).

Cuando las tormentas de la vida parecen abrumadoras, Dios desea que experimentemos su perfecta paz.

Oh, Padre, te alabamos porque comprendes todas nuestras penas y nuestras lágrimas. Reconocemos nuestra insuficiencia
para solucionar por nosotros mismos los problemas de la vida. Que Tu gracia abunde para suplir nuestras más profundas
necesidades. Consuélanos mientras esperamos en Ti. Llena nuestros corazones con Tu paz, que sobrepasa todo
entendimiento. Gracias por Tu rica provisión para con nosotros en este día. Amén."
Ore al Señor esta oración ya mismo, y empezará a experimentar en su vida la realidad de las promesas de Dios en los
momentos de dificultad.
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

Mensajes cristianos