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EL EJEMPLO DE MARIA


¿Pudo Jesús haber seguido el ejemplo de María? En Mateo 26.6?13, Marcos 14.3?9 y Juan 12.1?8,
las Escrituras narran la historia de María de Betania, quien ungió a Jesús con medio litro de nardo
puro. Mateo y Marcos hacen un énfasis en el hecho de que ella derramara el perfume sobre la cabeza
de Jesús.

El único evangelio que narra que María de Betania derramara el nardo sobre sus pies y lo secara con
sus cabellos es el de Juan. Lo que me llama la atención es que en el siguiente capítulo, y por lo que
puedo decir al día siguiente, Juan narra la historia de cuando Jesús lava los pies de sus discípulos.
Ningún otro evangelio, excepto el de Juan, cuenta este evento y la historia de María cuando «lava» los
pies de Jesús.

¿Será que Juan tal vez esté indicando que Jesús había seguido el ejemplo de María; un ejemplo que
para él fue muy valioso y que quiso repetir con su propio énfasis? Jesús pudo haber hecho cualquier
otro acto para enseñarles a sus discípulos un ejemplo de servicio, pero escogió la forma en que María
lo había servido la noche anterior. El ejemplo se tenía que escoger cuidadosamente ya que Jesús
sabía que sería su último, y por tanto, quizás más duradero ejemplo de servicio, igualdad y amor que
le iba a dejar a sus discípulos.

María tomó lo mejor que tenía y lo usó para servir al Señor y mostrarle su amor ilimitado. Esto lo hizo
de la forma más humilde que existía. Las Escrituras dicen que, al día siguiente, Jesús «los amó hasta
el fin» (Jn 13.1 NVI) y lo hizo de la misma forma en que María se lo había demostrado justo la noche
anterior.

Piense en eso. Mientras Jesús se acercaba a cada uno de sus discípulos para lavarles sus pies, la
fragancia del nardo seguramente seguía brotando de sus propios pies y cuerpo. Esto tal vez
desencadenó un recuerdo vívido y reciente del ejemplo de María que había ocurrido, en forma muy
parecida, la noche anterior. Todos los discípulos estuvieron presentes en el momento en que María le
lavaba los pies a Jesús. Y todos estuvieron presentes cuando Jesús hizo lo mismo con ellos. La
fragancia que había cuando María le lavaba sus pies llenó la habitación la noche anterior con un
aroma inolvidable que probablemente la mayoría de estos hombres nunca antes había
experimentado. Sin embargo, ese aroma ahora estaba ligado, sin duda alguna, al hermoso acto de
servicio y amor que María realizó para su Señor. Ella secó sus pies «con sus cabellos» (Jn 12.3) y
Jesús secó sus pies «con la toalla que llevaba a la cintura» (Jn 13.5). La fragancia, que todavía
provenía de los pies de Jesús mientras lavaba los pies de sus discípulos, intensificaría la lección que
Jesús quería enseñar. Lecciones que quedarían grabadas en las mentes de sus discípulos al utilizar
todos los sentidos.

Esta fue la última lección «formal» que Jesús le dejó a sus discípulos. Él pudo haber utilizado este
precioso tiempo para establecer una jerarquía de quien dejaría «a cargo» después de que él se
marchara. Él pudo haber dicho: «Pedro estará a cargo de la iglesia y quiero que Mateo tome la
tesorería de Judas? » En vez de eso, la lección de Jesús fue acerca de igualdad, amor y servicio. Para
mi es maravilloso pensar que mi Jesús utilizara a una mujer para así ayudarse a enseñar una lección.
Me atrevo a decir que al menos en la experiencia del discípulo, esta lección fue más poderosa debido
al doble ejemplo de María y de Jesús.
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