Estudios bíblicos y artículos

Conversando con Dios

PASO 5
por Luis Palau

Un gran hombre de Dios a quien aprecio mucho declaró: "La oración es amistad
con Dios." Creo que hizo una importante observación. La oración es,
sencillamente, dos amigos que conversan.

La oración es una conversación entre Dios y nosotros. No es un monólogo de
peticiones sino un diálogo. Dios nos habla a través de su Palabra y a través del
testimonio interno del Espíritu Santo. Nosotros respondemos a Dios con
adoración, confesión, petición, intercesión y acción de gracias. Sin estos cinco
elementos, nuestras oraciones serían desequilibradas. Consideremos juntos
estos cinco aspectos de la oración.

El primer elemento de la oración agradable al Señor es la adoración. Al entrar a
la presencia de Dios en oración, comenzamos expresando nuestra adoración y
reverencia por El. El Talmud contiene esta sentencia: "El hombre ante todo
siempre debe ofrecer alabanza, y luego entonces orar." A través de las páginas
de las Escrituras, también encontramos alabanzas y adoración a Dios por parte
de generaciones pasadas.

La confesión sigue a la alabanza. Cuando Isaías vio al Señor en toda Su gloria,
exclamó: "¡Ay de mí! que soy hombre muerto; porque siendo hombre inmundo de
labios, y habitando en medio de pueblo inmundo de labios, han visto mis ojos al
Rey" (Isaías 6:5). En realidad no podemos alabar al Dios de toda santidad si no
tenemos un profundo sentido de nuestra propia impureza. La Biblia también nos
enseña que Dios es misericordioso y nos perdona cuando confesamos nuestros
pecados (1 Juan 1:9).

Sólo después de la adoración y la confesión, ofrecemos al Padre nuestras
peticiones. La verdadera oración consiste en los pedidos de alguien que
reconoce su extrema necesidad, y en las provisiones de Alguien que demuestra
Su extrema bondad.

Jesús nos promete: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y
recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Juan 16:24). El nos alienta a
pedir al Padre lo que necesitamos.

Al orar, también debemos incluir la intercesión. Este puede ser un precioso
ministerio en favor de otros ante el trono de la gracia. El profeta Samuel dijo al
pueblo de Israel: "En cuanto a mí, lejos esté de mí el pecar contra Jehová dejando
de orar por ustedes" (1 Samuel 12:23 BD). La intercesión es una importante
responsabilidad espiritual que como cristianos no debemos descuidar.

La acción de gracias debe inundar el resto de nuestra conversación con Dios.
Preste oídos a estas exhortaciones del apóstol Pablo: "Estad siempre gozosos.
Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con
vosotros en Cristo Jesús" (1 Tesalonicenses 5:16-18). Experimentamos el gozo
del Señor cuando hablamos con El en oración y le agradecemos por Sus
respuestas.

Estoy convencido de que cuando Dios quiere bendecir a su pueblo, primero lo
mueve a orar, a entablar un diálogo con El.

Viviendo en Comunión con Dios

PASO 6
por Luis Palau

Hace varios años un médico le preguntó a una anciana cristiana: -Si yo le pidiera dinero a Dios, ¿me lo daría?

La anciana le respondió con otra pregunta: -Si a usted le presentaran al presidente de la nación, ¿se animaría a pedirle dinero
inmediatamente?

-No, esperaría a conocerlo mejor-, contestó el médico.

-Bueno- concluyó la mujer-, tendrá usted que conocer a Dios mucho mejor antes de esperar que El conteste su oración.

Una vez escuché el siguiente comentario en cuanto a este incidente: "Muchas personas son presumidas y le piden cosas a Dios
sin ser sus amigos sino simples conocidos." Es muy cierto.

Como ya dijimos antes, la oración es dos amigos conversando. La Biblia es el turno de Dios para hablar. Cuando leo las
Escrituras, a menudo descubro que estoy susurrando una oración. Cuando oro, la Palabra de Dios viene a mi mente. Cuando
escucho Su Palabra, mi alma se inclina en adoración.

En la Biblia Dios nos habla a nosotros. En la oración nosotros le hablamos a Dios. La lectura de la Biblia y la oración son como
hilos trenzados que forman el cordón de la íntima comunión entre Dios y nosotros.

Le aconsejo leer las grandes oraciones de Moisés, Nehemías, Esdras y Daniel. En sus peticiones ellos le hablaron a Dios con
las mismas palabras de Dios según se hallan en la Escritura. Este es el idioma de la oración que Dios se deleita en contestar.
Cuando ore, permita que Dios traiga Escrituras a su mente. Y luego utilice esas palabras para hablarle a Dios.

Antes de pasar tiempo leyendo y estudiando la Biblia cada día, pida a Dios que su corazón sea sensible a Su Palabra. Martín
Lutero dijo: "Haber orado bien es haber estudiado bien." No podemos tener lo uno sin lo otro.

Jorge Müller conversaba con Dios como lo han hecho muy pocos hombres en la historia. A través de Müller Dios cuidó a
millares de huérfanos. A pesar de las tremendas responsabilidades financieras que tenía, Müller nunca habló a otras personas
sobre sus necesidades. Las presiones económicas extremas sólo lo motivaban a pasar más tiempo en íntima conversación con
Dios.

Considere lo que dijo Müller acerca de sus momentos a solas con Dios: "Comienzo a meditar en el Nuevo Testamento
temprano a la mañana... Invariablemente encuentro que... después de algunos minutos de meditación, mi alma es guiada a
confesión, a acción de gracias, a intercesión o a peticiones. De manera que aunque no podría decir que me había puesto a orar
sino a meditar, sin embargo en forma casi inmediata, la meditación se convirtió en oración."

Cuando la Palabra de Dios hablaba al corazón de su siervo Müller, él naturalmente respondía a Dios en oración. El disfrutaba
de íntimas conversaciones con su Señor.

La comunicación es la clave de toda relación. Nuestra relación con Dios sólo puede crecer cuando en oración comunicamos a
Dios nuestra adoración, confesión, peticiones, intercesión y acción de gracias, y cuando escuchamos su voz a través del
estudio diario de la Biblia.

¿Cuán bien conoce usted a Dios? ¿Cuán íntima es su relación con El? Müller podía dirigirse a Dios como a un gran amigo y
pedirle por sus necesidades, sabiendo que de alguna manera Dios las supliría. ¿Podría usted hacer lo mismo, o acaso no es
amigo de Dios sino sólo un conocido todavía?

Hágase amigo de Dios y pase tiempo departiendo con El en oración. Le aseguro que es una experiencia emocionante. ¿Por
qué no lo intenta?

Comprendiendo la Autoridad de la Biblia

PASO 7
por Luis Palau

¿Tiene autoridad la Biblia? Esta es una de las preguntas más antiguas y debatidas entre los hombres. También es una de las
más importantes para que consideremos en nuestro día. La gente a menudo demuestra su condición espiritual por la actitud
que tiene hacia la Biblia.

Hace tiempo tuve la oportunidad de reunirme con varios pastores cerca de una ciudad en que estábamos celebrando una
cruzada. Decir que nuestra conversación me produjo una especie de shock, podría parecer una exageración; sin embargo, me
sorprendí sobremanera por las serias diferencias de opinión que teníamos en algunas cuestiones fundamentales. Al menos la
mitad de esos pastores no aceptaba la autoridad de la Biblia como Palabra de Dios.

Varios señalaron que creían que en la Escritura había pasajes erróneos. Fue aun más sorprendente cuando admitieron que si
ciertas porciones de la Biblia los incomodaban, llegaban a la conclusión de que tales porciones debían dejarse de lado por
carecer de fundamento científico.

¿Nos extraña entonces que haya lugares en que la Iglesia cristiana está tambaleante? ¿Quién puede estar interesado en
escuchar a pastores y predicadores que rechazan la Biblia como Palabra de Dios? ¿Con qué autoridad pueden predicar? Por
otra parte, ¿cómo es posible saber cuáles pasajes bíblicos son inspirados por Dios y cuáles no?

Cuando oigo que personas que profesan ser cristianas cuestionan si la Biblia es Palabra de Dios, no puedo menos que
preguntarme si los cristianos de hoy no adoran a un Dios demasiado pequeño. Después de todo, si Dios es Dios, ¿no pudo
acaso escribir un libro sin errores? Claro que pudo. Y lo hizo.

Pablo pudo decir a Timoteo con toda confianza: "Pero tú sigue firme en lo que has aprendido. Ya sabes que lo que se te ha
enseñado es la verdad, pues has podido comprobar la integridad de tus maestros. Además, desde la niñez conoces las
Sagradas Escrituras, y éstas te dieron la sabiduría que se necesita para alcanzar la salvación mediante la fe en Cristo Jesús" (2
Timoteo 3:14-15 BD). ¿Por qué razón Pablo podía decir eso? Porque toda la Escritura es inspirada por Dios; tiene autoridad
porque es Palabra de Dios, no de hombres.

Y Pedro pudo escribir: "No crean ustedes que les hemos estado relatando cuentos de hadas, cuando les hemos hablado del
poder de nuestro Señor Jesucristo y de su segundo advenimiento. No. Con mis propios ojos vi su majestad" (2 Pedro 1:16 BD).

La Biblia transparenta autenticidad. Ningún otro libro tiene el sello de aprobación divino.

Recuerdo haber leído la explicación de un expositor bíblico, quien escribió lo siguiente acerca de la singularidad de la Biblia:
"De todos los oráculos humanos, sin importar cuán confiables sean, vamos a la inspirada Palabra donde, en vez de
declaraciones ambiguas e indignas de ser creídas, encontramos enseñanza distintiva y definida, enseñanza impregnada de
autoridad e infalibilidad." En verdad podemos confiar en la Palabra de Dios.

Si Dios no fuera capaz de escribir un libro perfecto, ¿por qué confiar en un Dios así para nuestra salvación? No trato de decir
que la fe en la inerrancia bíblica es necesaria para la salvación. Pero sí trato de decir que debemos aceptar la Biblia como
Escritura divina a fin de experimentar autoridad, poder y comunión con Dios en nuestra vida cristiana.

La fe en la completa autoridad de la Escritura es vital para el entendimiento de la vida cristiana auténtica y victoriosa. Es sólo a
través de una fe tal que comenzamos a conformarnos a la imagen de Cristo.

¿Crees de todo corazón no sólo en Jesucristo como Salvador sino también en la Biblia como la Palabra de Dios, Palabra que
tiene un mensaje pleno de autoridad?
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

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