Las bienaventuranzas
La justicia espiritual es aceptar la voluntad de Dios y además
todas las circunstancias por las que tengamos que pasar para
alcanzar la santificación de nuestras vidas. Una persona justa es
la que sigue la bondad, la verdad y obedece la palabra de Dios, y
además es hacedor de ella. Los justos que la Biblia menciona son
aquellos que obedecieron totalmente la palabra de Dios.

Tener hambre y sed de justicia significa buscar, anhelar y
alcanzar la justicia del mismo modo que lo hacen los que
tienen hambre y sed de alimento. Bienaventurados los que
anhelan santificarse, los que viven en la verdad, los que se
asemejan al corazón del Señor y participan de la naturaleza
divina.

Los que tienen hambre y sed de justicia desearan la palabra de
Dios sobre todas las cosas. Meditemos en la palabra de Dios día
y noche, también debemos de meditar en Dios día y noche
porque Dios es la palabra.

Esperemos en la palabra de Dios. Tenemos que estudiar los
mensajes para que lleguen a ser parte de nuestra vida, tenemos
que guardarlos en nuestro corazón y ponerlos en práctica, esta
es la verdadera fe en acción.
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA

PORQUE ELLOS SERAN SACIADOS

Hambre y sed de justicia

4- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados

4) B. los que tienen hambre y sed de justicia

1) Bienaventurados los pobres en Espíritu
2) Bienaventurados los que lloran
3) Bienaventurados los mansos
5) Bienaventurados los misericordiosos
6) Bienaventurados los de limpio corazón
7) Bienaventurados los pacificadores
8) Bienaventurados los que padecen persecución
No debemos de pensar solo de acuerdo a nuestro parecer sino conforme al de los demás, de acuerdo a
nuestra manera de pensar no podremos comprender a los otros. La forma de pensar de cada persona es
diferente pero al ponernos en su lugar comprenderemos como piensan los demás.

“Todo aquel que es nacido de Dios no practica pecado”

Porque la palabra de Dios permanece en el (en su corazón).
Todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano no es de Dios. Si alguien odia, juzga,
condena, difama o murmura de otra persona y difunde rumores con rencor hacia esa persona no es nacido
de Dios.
Dios siempre recompensa nuestro trabajo por Él.

Tener el estómago lleno jamás podrá compararse con una de las bienaventuranzas de Jesús. Las
bienaventuranzas son bendiciones espirituales así que tenemos que entenderlas espiritualmente.
Aquellos que tienen hambre y sed de justicia serán saciados, y esto quiere decir que serán saciados
espiritualmente. Los que tengan hambre y sed de justicia anhelaran aprender la palabra de Dios y en la
medida en la que la aprendan vivirán rectamente.

“De cierto, de cierto os digo: si no coméis la carne del hijo del hombre y bebéis su sangre no tenéis
vida en vosotros”

Jesús es la palabra de Dios. Escuchar, aprender y practicar las enseñanzas de Jesús es comer la carne y
beber la sangre del hijo del hombre.
Dios da poder a sus hijos en la misma proporción en que se asemejan a Él. Dentro de este limite podemos
manifestar el poder de Dios. El mundo espiritual es interminable, incluso si alcanzamos el Espíritu perfecto
ese no es el final, de allí en adelante el poder creativo de Dios el cual es ilimitado estará esperándonos.

Jesús dice que aquellos que no comen la carne ni beben la sangre del hijo del hombre no tienen vida en
ellos, esto significa que no serán salvos, que sus oraciones no serán respondidas y que no recibirán
bendición alguna. Sin embargo, si comemos y bebemos la carne y la sangre del hijo del hombre
escuchando la palabra de Dios y practicándola, entonces tenemos vida, es decir, seremos salvos e iremos al
cielo. Al crecer en nuestra vida de fe, si tenemos hambre y sed de justicia, y guardamos la palabra en
nuestro corazón nuestro Espíritu crecerá.

“Yo soy el pan de vida, el que a mi viene nunca tendrá hambre y el que en mi cree no tendrá sed
jamás”

La palabra del Señor es el pan que sacia nuestro Espíritu. Cuando hagamos de la palabra de justicia
nuestro alimento espiritual y la practiquemos, pasaremos de tener la fe de un niño a la de un joven y luego
a la fe de un padre. A medida que nuestro conocimiento de las cosas espirituales se hace más profundo
podremos dominar al diablo y a Satanás. Al penetrar al mundo espiritual conoceremos lo más profundo del
corazón de Dios Padre. En cuanto entremos a este nivel nos comunicaremos con Dios claramente seremos
prósperos por la dirección del Espíritu Santo. Si recibimos la orientación del Espíritu Santo no tenemos
porque preocuparnos de las dificultades.

“No solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

Debemos anhelar las cosas espirituales antes que poseer cosas materiales que pronto pasan y
desaparecen en este mundo. Si tenemos hambre y sed de justicia Dios anhelara bendecirnos, Él quiere
bendecirnos abundantemente, por eso está buscando vasos apropiados en quienes derramar sus
bendiciones.