Las bienaventuranzas
Los que no confían en Dios son los ricos en Espíritu y van al
infierno, ser bendecido económicamente es bueno, ya que de esa
manera podremos glorificar a Dios, nos será más fácil predicar a
otros y podremos contribuir con dinero para ayudar a los demás.
Ser pobre en Espíritu significa tener un corazón bueno sin
maldad o avaricia, es decir, saber como desprenderse o
despojarse de las cosas materiales.
Ser pobre en Espíritu está directamente relacionado con la
salvación del Espíritu y del alma.

“Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja que
entrar un rico en el reino de los cielos”

Los ricos nunca podrán entrar al reino de Dios (los ricos en
Espíritu).
Los pobres en Espíritu están deseosos de conocer las cosas
espirituales y están sedientos de ser llenos de la gracia de Dios.
La mayoría de los ricos en Espíritu no nos harán caso cuando les
prediquemos. Muchas veces cuando predicamos a alguien no nos
hace caso en ese momento pero se le queda grabado lo que le
dijimos y puede ser que en el futuro vengan por si solos a
encontrarse con Dios.
Es bueno tener cosas materiales pero no tenemos que amar las
cosas materiales demasiado.
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPIRITU PORQUE DE ELLOS ES

EL REINO DE LOS CIELOS

Las bienaventuranzas de Jesús

1- Bienaventurados los pobres en Espíritu porque de ellos es el reino de los cielos

1) Bienaventurados los pobres en Espíritu

2) Bienaventurados los que lloran
3) Bienaventurados los mansos
4) B. los que tienen hambre y sed de justicia
5) Bienaventurados los misericordiosos
6) Bienaventurados los de limpio corazón
7) Bienaventurados los pacificadores
8) Bienaventurados los que padecen persecución
Nadie nos puede asegurar nuestra salvación si no oramos y vivimos en la verdad. Las personas que no
oran no pueden tener seguridad del futuro, no pueden estar protegidas de lo que sucederá mańana. No
dejemos de orar nunca.
Si terminas en la carne aunque hayas empezado en el Espíritu, el diablo podrá robarte la bendición de
entrar al reino de los cielos, es decir, tu nombre podrá ser borrado del libro de la vida aún cuando haya sido
escrito en él anteriormente. Dios nos dice que nos ocupemos de nuestra salvación con temblor y temor.
Debemos de ser pobre en Espíritu confiando en Dios, despojándonos  del mal y purificando nuestros
corazones día a día. El Seńor estará en las vidas de aquellos que tienen un corazón puro.

“Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para
bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te
pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo”

Debemos despojarnos de los deseos de la carne, de los deseos de los ojos y de la vanagloria.

“No améis al mundo ni a las cosas que están en el mundo, si alguno ama al mundo, el amor del
Padre no está en él”

Porque todo lo que hay en el mundo y lo que le mundo te ofrece no proviene del Padre sino del mundo.
El deseo de la carne es la naturaleza que nos incita a pecar.
El deseo de los ojos hace que el corazón y la mente busquen lo que ven con sus ojos y lo que oyen con sus
oídos.
No debemos ver, oír ni pensar en algo que no sea la verdad.
La vanagloria u orgullo de la vida es la naturaleza que lo hace alardear de si mismo siguiendo todos los
placeres del mundo.
Si un hombre tiene la vanagloria presumirá de si mismo y se olvidará de los demás. A los que tienen este
problema les resulta difícil oír la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios nos manda ser humildes, servir a los demás, sacrificarse y ser dedicados.
Debemos temer a Dios y tener cuidado nosotros mismos, solo así podremos despojarnos de todo pecado.
Dios tiene mucha paciencia pero después llegará el momento del castigo, debemos estar agradecidos si
Dios nos corrige, esto es motivo de gozo. Cuando Dios nos corrige es una seńal de que Dios nos ama.
Si las personas continúan mucho tiempo con el pecado, llega un momento en el cual no pueden
arrepentirse si Dios no les da la gracia del arrepentimiento.
Ser ricos en Espíritu nos aleja de la salvación.
Muchas veces somos fieles a Dios y Él no nos bendice económicamente porque si lo hiciera dejaríamos de
serle fiel y nos iríamos al mundo. Dios quiere bendecirnos financieramente pero antes tenemos que ser
pobres en Espíritu y despojarnos del amor al dinero que haya en nuestro corazón.
Dios bendice a una persona financieramente y a otra no, eso es porque Dios mira el corazón de cada uno.
Hagámonos pobres en Espíritu y entonces nuestro padre no parará de bendecirnos. Dios quiere que a
todos sus hijos les vaya bien. Dios no puede bendecir cuando no debe bendecir.
Despojémonos de la codicia y tengamos en nuestro corazón el deseo de ayudar a otros.