Las bienaventuranzas
Los que violan o rompen la paz no son bienaventurados y no
pueden ser llamados hijos de Dios. Si no tenemos paz en
nuestra vida debido a diferentes situaciones que nos enojan
y nos amargan o porque tenemos discusiones o desacuerdos
con otros ¿significa esto que no somos hijos de Dios? Porque
los que no son hijos de Dios no pueden entrar al reino de los
cielos.

En esta bienaventuranza la palabra hijo tiene un significado
más profundo que la de hijo de Dios solo para ser salvo. Los
hijos a los que se refiere esta bienaventuranza tienen un
significado un poco diferente. Si logramos tener las
condiciones requeridas para ser llamados de estos hijos que
menciona el versículo 9 de las bienaventuranzas recibiremos
poder de lo alto, seremos amados por Dios y recibiremos
respuesta a todo lo que pidamos en nuestras oraciones, el
demonio nos temerá y se alejará de nosotros, recibiremos
gran autoridad y muchas bendiciones.

El mismo Jesús el hijo de Dios se convirtió en el sacrificio
expiatorio entre Dios y la humanidad pecadora, Él hizo la
paz entre Dios y toda la humanidad. Nosotros éramos
enemigos de Dios, Jesús fue crucificado para derribar el muro
de pecado que nos separaba de Dios ya que nos habíamos
vuelto enemigos de Él. Jesús fue crucificado para traer paz.
Crecer en Cristo
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BIENAVENTURADOS LOS PACIFICADORES PORQUE ELLOS SERAN

LLAMADOS HIJOS DE DIOS

Pacificadores
7- Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios
1) Bienaventurados los pobres en Espíritu
2) Bienaventurados los que lloran
3) Bienaventurados los mansos
4) B. los que tienen hambre y sed de justicia
Pacificadores
5) Bienaventurados los misericordiosos
6) Bienaventurados los de limpio corazón
8) Bienaventurados los que padecen persecución

7) Bienaventurados los pacificadores

Cuando nos convertimos en pacificadores en todas las áreas al igual que Jesús quien es el pacificador por
excelencia, también se nos acepta y se nos reconoce como hijos de Dios. Aquellos que aceptan al
primogénito hijo de Dios quien es el pacificador y además se asemejan a Él también llegarán a ser hijos de
Dios. No todos los hijos salvos de Dios son iguales, inclusive en los hijos de una familia de este mundo no
todos tienen la misma posición. En la mayoría de los casos cuando una familia tiene muchos hijos siempre
hay uno que es el preferido, que es más amable, más obediente y que se parece más a sus padres. Del
mismo modo entre los hijos que son salvos están aquellos que son buenos conforme al corazón de Dios y
los que no lo son. Algunos hijos se asemejan al Señor, echan fuera rápidamente la maldad de sus
corazones y obedecen la palabra del Señor; sin embargo otros dicen que creen pero no se despojan del
pecado sino hasta después de bastante tiempo, siguen desobedeciendo y decepcionando a Dios. Dios nos
amará en diferente grado en la medida que tengamos un corazón que se asemeje al de Jesús. La razón por
la que Dios ha estado cultivando a los hombres a pesar de tanto dolor y angustia es porque el desea
obtener verdaderos hijos que se asemejen a Jesús.

Nuestro Señor perfectamente refleja al Padre por lo tanto Dios desea que aquellas almas salvas reflejen a
su hijo Jesús. En las bienaventuranzas el término hijo de Dios se refiere a aquellos que se asemejan a Jesús
y que son justos conforme al corazón de Dios. Solamente aquellos que verdaderamente reflejan al Señor
podrán ser llamados hijos de Dios, solo entonces se les podrá llamar pacificadores. Cuando de esta manera
nos convertimos en pacificadores también podremos disfrutar de la autoridad y del poder espiritual que
tuvo Jesús como hijo de Dios. Como en el caso de Jesús también podremos recibir respuesta a nuestras
oraciones, de igual forma también podremos manifestar el poder de Dios como lo hizo Jesús. Al igual que
los espíritus malignos temblaron ante Jesús igualmente temblarán ante los hijos de Dios, obedecerán a la
autoridad de nuestras palabras.

Nosotros deberíamos llevar paz inclusive a lugares que no hay paz. Si realmente creemos en Dios no
violaremos la paz con mala intención. Vivamos en paz con los que nos agradan y también con los que nos
odian, nos causan dificultades y con todo el mundo.

Vivamos en paz con los demás y seamos santos. Si los demás no se sienten bien con nosotros o si no
tenemos tranquilidad y solo discutimos debemos saber que hay algo en nosotros que no esta bien ante
Dios. A partir de ahora analicemos detalladamente como podemos convertirnos en pacificadores. Para
llegar a ser pacificadores tenemos que estar en paz con Dios y también con nosotros mismos. Para estar en
paz con Dios no debemos levantar ningún muro de pecado entre Dios y nosotros. Jesús fue crucificado
para derribar el muro de pecado que existía entre Dios y nosotros, si embargo si todavía vivimos en
pecado y decimos que creemos en Dios aún tenemos un muro de pecado y no estamos en paz con Dios.

La primera condición para ser pacificador es vivir de acuerdo a la palabra de Dios y no pecar. Si no
tenemos paz con Dios el Espíritu Santo se entristecerá y por eso no tendremos paz con nosotros mismos, 
nuestro  corazón estará afligido. Si levantamos un muro de pecado contra Dios entonces la paz del Espíritu
Santo que mora en nosotros se romperá y nuestro corazón se abatirá, además no tendremos protección
alguna de parte de Dios. Si no echamos fuera toda la maldad que hay dentro de nuestro corazón todo tipo
de pecado y de maldad se agitarán dentro de nosotros en cualquier momento, por eso no tendremos paz
en nuestro corazón. Si no cumplimos la palabra de verdad, el Espíritu Santo se lamentará, no tendremos
paz con Dios ni con el Espíritu Santo y no podremos tener paz con nosotros mismos debido al dolor y a la
aflicción, no tendremos paz en nuestra mente y perderemos la gratitud; los que tienen una fe débil se les
debilitará aún más y no tendrán paz, de esta forma el diablo nos atrapará.

Podemos tener paz con nosotros mismos cuando terminemos de luchar contra el pecado y sigamos la
verdad por completo bajo la dirección del Espíritu Santo. Podremos tener paz con los demás después de
que logremos tener paz con nosotros mismos.

En segundo lugar para convertirnos en pacificadores debemos tener un buen corazón. El que tiene
bondad amará y aceptará incluso a los que son malvados y a los que tienen una fe débil porque desea que
los demás estén mejor, el que tiene bondad observará el corazón de los demás en lo que hace y los
entenderá, de este modo encontrarán el consuelo y el descanso. Es valioso y grato al corazón de Dios estar
en paz con los demás y tener consideración con los débiles en la fe en la medida en que este dentro de los
límites de la verdad.

En tercer lugar para llegar a ser un pacificador no debemos buscar nuestro propio beneficio sino el de
los demás. Abraham le concedió a Lot su sobrino el derecho de elegir primero. Abraham no se enojó
cuando Lot eligió la mejor tierra.

En cuarto lugar para ser un pacificador tenemos que negarnos a nosotros mismos y llegar a ser como
trigo maduro que mengua y muere por otros. Aún cuando tengamos la razón tenemos que ser capaces de
sacrificarnos por los demás aunque por ello pasemos cierta incomodidad.

Primero debemos estar en paz con Dios antes que con el hombre. El buscar la paz yendo en contra de los
principios de la verdad de Dios significa no gozar de bendiciones espirituales sino más bien comprometerse
con el mundo y pecar. Debemos de ser sabios, no debemos buscar estar en paz con los demás yendo en
contra de la verdad, esta no es la voluntad de Dios. Debemos de estar en paz con los demás dentro de los
límites de la Palabra para no vulnerar la paz con Dios. Dios desea que sus hijos reflejen las características de
Jesús, que se santifiquen por completo y que actúen y se comporten correctamente.