Las bienaventuranzas
La palabra de Dios es invariablemente verdadera y se
cumple tal como está escrita en forma absoluta y
completa.
La palabra limpio quiere decir transparente y puro.

“No lo que entra en la boca contamina al hombre mas
lo que sale de la boca, esto si contamina al hombre”

Lo que sale de la boca del corazón sale y esto contamina
al hombre porque del corazón salen los malos
pensamientos, los homicidios, los adulterios, las
fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias; estas cosas son las que contaminan al
hombre.

Dios nos examina el corazón, no solamente las acciones
que hacemos, si tenemos el deseo de matar a alguien pero
no lo hacemos es como si hubiéramos cometido
asesinato. Dios dice que si solo tenemos una maldad en
nuestro corazón ya hemos pecado y nuestro corazón es
impuro.

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida, y
sabéis que ningún homicida tiene vida eterna
permanente en él”
Crecer en Cristo
iglesiasamaria.org

BIENAVENTURADOS LOS DE LIMPIO CORAZON PORQUE ELLOS VERAN

A DIOS

8 bienaventuranzas
6- Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios
1) Bienaventurados los pobres en Espíritu
2) Bienaventurados los que lloran
3) Bienaventurados los mansos
4) B. los que tienen hambre y sed de justicia
Limpio corazón
5) Bienaventurados los misericordiosos
7) Bienaventurados los pacificadores
8) Bienaventurados los que padecen persecución

6) Bienaventurados los de limpio corazón

Por lo tanto no será salvo. Todo aquel que aborrece a su hermano no tiene vida eterna en Dios. No solo
se considera adulterio cuando lo cometemos en la práctica sino tan solo con tenerlo en nuestro corazón ya
es adulterio. Dios escudriña nuestro corazón y quiere que esté limpio, no solamente quiere obras santas y
limpias sino que también quiere que tengamos nuestros corazones limpios. Dios odia todo lo que
contamina nuestro corazón. El hombre no puede juzgar a nadie, solamente Dios escudriña los
corazones, no debemos juzgar por apariencias o por acciones externas, es Dios quien mira el corazón,
aquellos que juzgan y condenan tienen mayor maldad en su corazón.

“Sed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”

Solo saber la palabra de Dios como mero conocimiento no es suficiente. Tenemos que guardarla en
nuestra mente y ponerla en práctica y hacer que nuestro corazón sea limpio y puro. No importa lo mucho
que queramos transformar nuestro corazón en un corazón puro, no podremos cambiarlo nosotros
mismos. Cortar el pecado no puede lograrse con nuestro solo esfuerzo humano, tenemos que recibir la
fortaleza de Dios. Sin la palabra de Dios no podemos llegar a ser santos. Solamente la palabra de Dios nos
enseña lo que es la verdadera bondad, la verdadera santidad, la verdadera servidumbre y la única y
auténtica verdad. Podremos discernir si algo es pecado o no únicamente por la palabra de Dios. La verdad a
los ojos del mundo no es verdadera bondad, la mansedumbre de acuerdo al concepto de este mundo no es
verdadera mansedumbre

Solo por la palabra de Dios y por la oración llegamos a santificarnos, si no oramos no tendremos la
fortaleza necesaria para controlarnos ni para dominar al diablo. Por medio de la oración recibimos la
ayuda del Espíritu Santo. La palabra y nuestra oración deben ir juntas, no importa cuanto trabajemos en la
iglesia, si no oramos incluso será difícil que vayamos al reino de los cielos, si no oramos no tenemos
ninguna comunión con Dios. El no orar se considera un pecado, si no oramos estamos levantando un muro
de pecado ante Dios.

Debemos de hacer lo posible con nuestro mayor esfuerzo para vivir de acuerdo a la palabra de Dios, al
mismo tiempo por medio de la oración debemos recibir la fortaleza y la gracia de Dios y la ayuda del
Espíritu Santo. Aquellos que son limpios de corazón pueden ver a Dios y también pueden escuchar su voz.
No hay muchas personas que estén debidamente calificadas para ver a Dios. No es malo desear ver a Dios.

Si echamos fuera todo pecado de nuestro interior y purificamos nuestros corazones no seremos
bendecidos solo una vez sino que recibiremos abundantes bendiciones.

Ver a Dios no significa solamente que veremos la imagen de Dios Padre con nuestros ojos espirituales,
quiere decir también que recibiremos respuesta a lo que pidamos en oración. Cuando oramos a Dios , Él
nos escuchará bajo ciertas condiciones, tenemos que clamar a Él para que pueda escucharnos, la Biblia
claramente dice que Él nos escuchará cuando clamemos, es por eso que nuestro Señor oró tan
profundamente hasta que su sudor se hizo sangre. Los discípulos también clamaban cuando oraban. Los
ángeles reciben el aroma de las oraciones y lo llevan al trono de Dios. Cuando oremos no pidamos algo sin
tener discernimiento, cuando pidamos debemos hacerlo de acuerdo a las reglas establecidas por Dios. Dios
responde cuando actuamos con fe, también contesta en el momento adecuado.

Si llegamos al 30% de santidad podremos conocer a Dios en esa medida. Si hemos llegado al 100% siempre
estaremos con Dios y Él caminará con nosotros y nos responderá inmediatamente a nuestra oración.

Cuando oremos fervientemente recibiremos respuesta a nuestras oraciones y experimentaremos al Dios
viviente. Debemos hacer todo lo  posible para cortar con el pecado y rápidamente llegar a santificarnos
hasta convertirnos en cristianos maduros que seamos del agrado de Dios.

“Así que, amados puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación
perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

Muchas personas no tienen temor a Dios porque no lo conocen, no creen en Dios así que no le temen. Si no
tememos a Dios a pesar de conocerlo es que tenemos nuestra conciencia totalmente cauterizada, tan solo
nos abandonamos a nuestros propios deseos. Al contrario, hay otros que creen en Dios, conocen a Dios y
lo aman, al mismo tiempo le temen también. Cuando cometemos un pecado tenemos temor del castigo
que recibiremos si Dios aparta el rostro de nosotros, tenemos temor como resultado de nuestra
desobediencia, tenemos temor del infierno, tenemos temor porque tenemos fe, tememos a Dios porque le
conocemos y creemos en Él, tenemos temor porque sabemos que hay un juicio final y un infierno; porque
tenemos temor luchamos contra el pecado y nos apartamos de el, por eso ahora caminamos en el Espíritu.
Cuando alcancemos el nivel de santificación no tendremos temor a Dios, solamente lo amaremos, todo
nuestro temor desaparecerá porque viviremos conforme a la palabra de Dios, en la verdad y en la luz; y
como hemos llegado a ser verdaderos hijos de Dios, no tendremos temor del Padre sino que solo
sentiremos su amor, anhelaremos tanto su presencia y lo amaremos tanto que derramaremos lagrimas
por estar en su presencia.

En el amor no hay temor, el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Cuando nos hayamos
purificado no habrá ningún temor en nosotros, estaremos llenos de amor. La razón por la que muchos
creyentes no reciben bendiciones es porque no santifican su corazón, si los creyentes que no han
santificado su corazón fueran bendecidos cometerían más pecados y se alejarían más de Dios. Si primero
no santificamos nuestro corazón Dios no podrá bendecirnos por más que quiera hacerlo. Si nuestro
corazón está limpio, no solo veremos a Dios sino que escucharemos claramente la voz del Espíritu Santo, y
aún cuando no escuchemos claramente la voz del Espíritu Santo Dios nos advertirá para que no
cometamos errores. Si las ideas o los planes del hombre no son los correctos, Dios los detiene y el mismo
obra en nuestro favor.

Si nuestro corazón está centrado en Dios y estamos dispuestos a orar y obedecer, aún cuando tengamos
una idea equivocada y vayamos por el camino incorrecto, Dios se interpondrá y nos guiará por la senda
adecuada, así que no habrá posibilidad de fracasar. Perdemos porque no dependemos de Dios sin embargo
a medida que nuestra fe crece podremos escuchar más claramente la voz del Espíritu Santo.

En la misma medida que tengamos mentira y falsedad en nuestro corazón, en esa misma medida
tendremos pensamientos carnales y no podremos escuchar la voz del Espíritu Santo. Si escuchamos su
voz y hacemos las cosas de la manera que Dios quiere recibiremos rápidamente bendiciones y respuestas.