Las bienaventuranzas


La palabra de Dios es invariablemente verdadera y se cumple tal como está escrita en forma absoluta y
completa.
La palabra limpio quiere decir transparente y puro.

“No lo que entra en la boca contamina al hombre mas lo que sale de la boca, esto si contamina al
hombre”

Lo que sale de la boca del corazón sale y esto contamina al hombre porque del corazón salen los malos
pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias; estas cosas son las que contaminan al hombre.

Dios nos examina el corazón, no solamente las acciones que hacemos, si tenemos el deseo de matar a alguien
pero no lo hacemos es como si hubiéramos cometido asesinato. Dios dice que si solo tenemos una maldad en
nuestro corazón ya hemos pecado y nuestro corazón es impuro.

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna
permanente en él”

Por lo tanto no será salvo. Todo aquel que aborrece a su hermano no tiene vida eterna en Dios. No solo se
considera adulterio cuando lo cometemos en la práctica sino tan solo con tenerlo en nuestro corazón ya es
adulterio. Dios escudriña nuestro corazón y quiere que esté limpio, no solamente quiere obras santas y
limpias sino que también quiere que tengamos nuestros corazones limpios. Dios odia todo lo que contamina
nuestro corazón. El hombre no puede juzgar a nadie, solamente Dios escudriña los corazones, no debemos
juzgar por apariencias o por acciones externas, es Dios quien mira el corazón, aquellos que juzgan y
condenan tienen mayor maldad en su corazón.

“Sed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”

Solo saber la palabra de Dios como mero conocimiento no es suficiente. Tenemos que guardarla en nuestra
mente y ponerla en práctica y hacer que nuestro corazón sea limpio y puro. No importa lo mucho que
queramos transformar nuestro corazón en un corazón puro, no podremos cambiarlo nosotros mismos.
Cortar el pecado no puede lograrse con nuestro solo esfuerzo humano, tenemos que recibir la fortaleza de
Dios. Sin la palabra de Dios no podemos llegar a ser santos. Solamente la palabra de Dios nos enseña lo que
es la verdadera bondad, la verdadera santidad, la verdadera servidumbre y la única y auténtica verdad.
Podremos discernir si algo es pecado o no únicamente por la palabra de Dios. La verdad a los ojos del mundo
no es verdadera bondad, la mansedumbre de acuerdo al concepto de este mundo no es verdadera
mansedumbre

Solo por la palabra de Dios y por la oración llegamos a santificarnos, si no oramos no tendremos la
fortaleza necesaria para controlarnos ni para dominar al diablo. Por medio de la oración recibimos la ayuda
del Espíritu Santo. La palabra y nuestra oración deben ir juntas, no importa cuanto trabajemos en la iglesia, si
no oramos incluso será difícil que vayamos al reino de los cielos, si no oramos no tenemos ninguna comunión
con Dios. El no orar se considera un pecado, si no oramos estamos levantando un muro de pecado ante Dios.

Debemos de hacer lo posible con nuestro mayor esfuerzo para vivir de acuerdo a la palabra de Dios, al mismo
tiempo por medio de la oración debemos recibir la fortaleza y la gracia de Dios y la ayuda del Espíritu Santo.
Aquellos que son limpios de corazón pueden ver a Dios y también pueden escuchar su voz. No hay muchas
personas que estén debidamente calificadas para ver a Dios. No es malo desear ver a Dios.

Si echamos fuera todo pecado de nuestro interior y purificamos nuestros corazones no seremos
bendecidos solo una vez sino que recibiremos abundantes bendiciones.

Ver a Dios no significa solamente que veremos la imagen de Dios Padre con nuestros ojos espirituales, quiere
decir también que recibiremos respuesta a lo que pidamos en oración. Cuando oramos a Dios , Él nos
escuchará bajo ciertas condiciones, tenemos que clamar a Él para que pueda escucharnos, la Biblia
claramente dice que Él nos escuchará cuando clamemos, es por eso que nuestro Señor oró tan
profundamente hasta que su sudor se hizo sangre. Los discípulos también clamaban cuando oraban. Los
ángeles reciben el aroma de las oraciones y lo llevan al trono de Dios. Cuando oremos no pidamos algo sin
tener discernimiento, cuando pidamos debemos hacerlo de acuerdo a las reglas establecidas por Dios. Dios
responde cuando actuamos con fe, también contesta en el momento adecuado.

Si llegamos al 30% de santidad podremos conocer a Dios en esa medida. Si hemos llegado al 100% siempre
estaremos con Dios y Él caminará con nosotros y nos responderá inmediatamente a nuestra oración.

Cuando oremos fervientemente recibiremos respuesta a nuestras oraciones y experimentaremos al Dios
viviente. Debemos hacer todo lo  posible para cortar con el pecado y rápidamente llegar a santificarnos hasta
convertirnos en cristianos maduros que seamos del agrado de Dios.

“Así que, amados puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación
perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

Muchas personas no tienen temor a Dios porque no lo conocen, no creen en Dios así que no le temen. Si no
tememos a Dios a pesar de conocerlo es que tenemos nuestra conciencia totalmente cauterizada, tan solo
nos abandonamos a nuestros propios deseos. Al contrario, hay otros que creen en Dios, conocen a Dios y lo
aman, al mismo tiempo le temen también. Cuando cometemos un pecado tenemos temor del castigo que
recibiremos si Dios aparta el rostro de nosotros, tenemos temor como resultado de nuestra desobediencia,
tenemos temor del infierno, tenemos temor porque tenemos fe, tememos a Dios porque le conocemos y
creemos en Él, tenemos temor porque sabemos que hay un juicio final y un infierno; porque tenemos temor
luchamos contra el pecado y nos apartamos de el, por eso ahora caminamos en el Espíritu. Cuando
alcancemos el nivel de santificación no tendremos temor a Dios, solamente lo amaremos, todo nuestro
temor desaparecerá porque viviremos conforme a la palabra de Dios, en la verdad y en la luz; y como hemos
llegado a ser verdaderos hijos de Dios, no tendremos temor del Padre sino que solo sentiremos su amor,
anhelaremos tanto su presencia y lo amaremos tanto que derramaremos lagrimas por estar en su presencia.

En el amor no hay temor, el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Cuando nos hayamos
purificado no habrá ningún temor en nosotros, estaremos llenos de amor. La razón por la que muchos
creyentes no reciben bendiciones es porque no santifican su corazón, si los creyentes que no han santificado
su corazón fueran bendecidos cometerían más pecados y se alejarían más de Dios. Si primero no santificamos
nuestro corazón Dios no podrá bendecirnos por más que quiera hacerlo. Si nuestro corazón está limpio, no
solo veremos a Dios sino que escucharemos claramente la voz del Espíritu Santo, y aún cuando no
escuchemos claramente la voz del Espíritu Santo Dios nos advertirá para que no cometamos errores. Si las
ideas o los planes del hombre no son los correctos, Dios los detiene y el mismo obra en nuestro favor.

Si nuestro corazón está centrado en Dios y estamos dispuestos a orar y obedecer, aún cuando tengamos una
idea equivocada y vayamos por el camino incorrecto, Dios se interpondrá y nos guiará por la senda adecuada,
así que no habrá posibilidad de fracasar. Perdemos porque no dependemos de Dios sin embargo a medida
que nuestra fe crece podremos escuchar más claramente la voz del Espíritu Santo.

En la misma medida que tengamos mentira y falsedad en nuestro corazón, en esa misma medida
tendremos pensamientos carnales y no podremos escuchar la voz del Espíritu Santo. Si escuchamos su voz
y hacemos las cosas de la manera que Dios quiere recibiremos rápidamente bendiciones y respuestas.

BIENAVENTURADOS LOS DE LIMPIO CORAZON PORQUE ELLOS VERAN

A DIOS

8 bienaventuranzas
6- Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios
1) Bienaventurados los pobres en Espíritu
2) Bienaventurados los que lloran
3) Bienaventurados los mansos
4) B. los que tienen hambre y sed de justicia
Limpio corazón
5) Bienaventurados los misericordiosos
7) Bienaventurados los pacificadores
8) Bienaventurados los que padecen persecución

6) Bienaventurados los de limpio corazón